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Sábado 20 de Diciembre de 2025- Palau Firal i de Congressos – Tarragona
Hay noches que no se anuncian como históricas, pero acaban siéndolo. El pasado 20 de diciembre, el Palau Firal i de Congressos de Tarragona acogió una de esas citas que el tiempo acabará colocando en su sitio. MEDINA AZAHARA regresaban a la ciudad para despedirse, y lo hicieron sin dramatismos, con la serenidad de quien sabe que ha cumplido de sobra con su oficio y con su gente.
Desde su nacimiento en Córdoba en 1979, tomando prestado el nombre de la ciudad califal, esta formación se convirtió en una referencia indiscutible del rock andaluz. Supieron unir progresivo, metal y flamenco sin artificios, con letras cargadas de identidad y emoción. Cuarenta y seis años, muchísimos discos y miles de conciertos después, la decisión de poner punto final llega en el momento justo, bajo el lema Todo tiene su fin. Tarragona no quiso faltar a la cita.
El ambiente ya avisaba antes de que se apagaran las luces. Público de varias generaciones, camisetas curtidas por el paso del tiempo, miradas cómplices y esa sensación compartida de que no era una noche cualquiera. Se respiraba respeto, pero también ganas de celebración. No había prisa, ni ansiedad por el final; la sensación era la de disfrutar cada minuto como si fuera el último, conscientes de que no habría repetición.
El arranque con “Paseando por la mezquita” fue toda una declaración de intenciones: sonido firme, sin fisuras y con el músculo intacto. Aquí no había espacio para la nostalgia cómoda. “Algo nuevo” y “Palabras de libertad” mantuvieron el pulso alto, con un recinto entregado desde los primeros compases. Manuel Martínez, único miembro fundador aún en activo, se mostró cercano y honesto, sin discursos sobrantes. Su voz, inconfundible, sigue siendo el hilo conductor de todo: desgarrada cuando hace falta, serena cuando el momento lo pide.
El concierto avanzó con paso firme gracias a “Vaivén del aire”, “Lucía” y “Solo un camino”, confirmando que el engranaje funciona con precisión. Paco Ventura volvió a dejar claro por qué es una pieza clave en el sonido del grupo, combinando técnica y sensibilidad. Manuel Ibáñez, desde los teclados, aportó esa atmósfera tan reconocible, mientras Carlos Deko al bajo y Fernando Prat a la batería sostuvieron el conjunto con solvencia y pegada.
Uno de los pasajes más celebrados llegó con “Danza al viento”, cuando varias bailarinas de danza del vientre del público subieron al escenario. Los asistentes respondieron con entusiasmo a una escena que conectaba música, raíces y estética sin resultar impostada. Fue uno de esos momentos que, sin grandes alardes, quedan grabados en la memoria colectiva del concierto.
El medley de “Al-Hakim Otro lugar” y “El soldado” sirvió como viaje por distintas etapas de su trayectoria, antes de que “Córdoba” provocara una de las grandes ovaciones de la noche. Las raíces, aquí, pesan y emocionan. Cada acorde sonó a casa, a origen, a historia compartida entre escenario y platea.
El instante más íntimo llegó con “Solo y sin ti”, dedicada al hijo de Manuel Martínez. El cantante pidió iluminar el recinto con los móviles y, durante unos minutos, el Palau se convirtió en un cielo improvisado. Silencio, respeto y emoción sincera, sin necesidad de subrayados ni discursos. Solo música y verdad.
La recta final volvió a apretar con “El Lago”, “Tu frialdad” y “Velocidad”, antes de encarar el tramo definitivo con “Al Padre Santo de Roma” y “Necesito respirar”, coreadas como auténticos himnos. “A toda esa gente” sonó a agradecimiento directo, sin intermediarios, y “Todo tiene su fin” puso el broche a una noche cargada de simbolismo.
No fue una despedida triste. Fue un cierre digno, honesto y coherente. Tarragona asistió a un adiós sin imposturas, hecho desde el respeto y el amor por la música. No fue solo un concierto: fue la confirmación de que algunas bandas no desaparecen, simplemente pasan a formar parte de la memoria colectiva.
Texto: Emma C.
Fotos: Jaime V. «Jaimax»
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Espléndida reseñas. Enhorabuena.
Medina deberían salir más en esta web