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Crónica y fotos de KRISTON FEST con MONSTER MAGNET + HIGH ON FIRE + ELDER en Madrid

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KRISTON FEST 2018

MONSTER MAGNET + CHURCH OF MISERY + HIGH ON FIRE + ELDER + CONAN

Sábado 12 de Mayo de 2018 – Sala La Riviera – Madrid

Primero de muchos, el KRISTON se celebró el pasado sábado consiguiendo hacer un poco más llevadera la angustiosa venida de los festivales veraniegos. Concebido desde sus inicios como un evento indoor, el concepto se gestó y creció en el País Vasco buscando acercar cierto tipo de sonoridades menos accesibles habitualmente hasta la emblemática Santana 27. Finalmente, el año pasado se trasladaría a Madrid para afrontar su madurez, dentro de su continua lucha por sobrevivir y conseguir llegar a un público más amplio en cada edición. Sin duda se trata de un festival tan ambicioso como arriesgado, que a pesar de sus siempre exquisitos carteles ha tenido que andar reinventándose año tras año para lograr atraer hacia si al disgregado y heterogéneo grupo de seguidores del stoner-doom de la más vigente actualidad.

Este KRISTON FEST 2018, casi de forma idéntica al anterior, se desarrolló en una sola jornada, en formato de noche, concentrando todo el potencial en una sola velada que arrancaría a las ocho de la tarde y que, como no suele ser para nada habitual, acabaría con el cierre de nuestra polifacética Riviera en su horario habitual. Parece que cada vez están más cerca de dar con su particular receta del éxito, dejando definitivamente atrás los dos días y puliendo detalles teniendo  muy en cuenta la opinión de los asistentes. Realmente son varias las novedades que se han implementado en el festival en base a dicha opinión para esta nueva entrega, como la votación pública para elegir el orden de las bandas, o el haber logrado conseguir algo tan épico para el emplazamiento como que se nos permitiera salir sin problemas al exterior durante el todo evento, esto fue algo que suscitó diversas críticas el año pasado y que se ha corregido gratamente, cosa lógica y necesaria dada la duración del evento.

No deja de tratarse de un recital un tanto atípico para lo que estamos acostumbrados, musicalmente hablando al menos. Mientras que a nivel europeo los festivales que se basan en estos mismos géneros gozan de cada vez un mayor apoyo y popularidad (véanse los distintos DESERT FESTS) su presencia en nuestra península con bandas de primer nivel queda relegada a los tímidos Stonefest y Sonic Blast Moledo, en Asturias y Portugal respectivamente, o al espacio cedido por el RESURRECTION con su Desert Stage. Festivales minoritarios o papeles secundarios al fin y al cabo, de esos que se guían más por gusto propio que por los números, con el férreo afán de reunir en torno a sus altavoces a esta comunidad cada vez un poco más arraigada en nuestra escena musical que van siguiendo el humo hasta la tierra llena de riffs. Así el KRISTON nos ha permitido disfrutar de exitosas bandas que no suelen ser fáciles de ver por aquí, como fueron CLUTCH en sus inicios, o más recientemente a WOLFMOTHER o UNCLE ACID. Y así, en esta línea y sin bajar el nivel nos han presentado para este año uno de los carteles más completos, equilibrados y potentes de su historia, con las dosis necesaria de contundencia y distorsión, pero lleno también de cortes clásicos y de la más entretejida psicodelia.

En primer lugar y no sin esa renombrada puntualidad patria apareció sobre el escenario entre gran expectación el mastodóntico trío británico que abriría el evento de una manera inmejorable con su demoledor y autodefinido caveman battle doom. Son ya por todos sus fans conocidos los sentimientos que generan los oscuros y pesados riffs que emanan de los amplis de CONAN, así como los cavernosos y penetrantes alaridos que cuentan sus historias; pero también conocemos todas las decepciones que subyacen de la dificultad de plasmar esas sonoridades tan extremas en según qué sitio o según qué día. No por suerte sino por buen hacer, este problema no se hizo presente ni aquí, ni en prácticamente el resto de la velada. Pues la Riviera sonó aquella noche como pocas la recuerdo y más concretamente en esta primera actuación.

Total Conquest abriría la veda ante un todavía escaso público que nunca llegaría a ser excesivo; tras ella, Throne of Fire haría aún palpable la calidad del sonido con la ayuda de un encapuchado Chris Fielding en esas dobles voces tan agónicas que genera en sintonía con el predominante y protagonista gruñido de Jon Davis, por momentos recuerdan a los mismísimos MELVINS. La fuerza atractiva de Gravity Chasm fue innegable, como en el resto del repertorio, en el que incluso nos incluyeron un tema adelanto de su próximo trabajo que verá la luz este 2018, con un final ultra ralentizado que supuso un verdadero trance. CONAN son pura y dura solidez sónica, son contundencia y devastación aseguradas que nunca dejan de arrasar allá por donde va. Siempre batallando, lo suyo sin duda son los escenarios tanto por la conciencia que le ponen como por la descarga que siempre suponen. Ahora, por partida doble, dada su alianza con otro de los pilares del doom contemporáneo europeo como son los suecos MONOLORD, que ya no son ningunos extraños para esta sala. Con ellos  comparten equitativamente cartel en la extensa gira en la que andan metidos, para la cual están contado también con Johnny King a tras los platos, un batería irlandés al que no se le puede poner ninguna pega.

Pocas distinciones también entre los grupos de hoy, salvo las insalvables, pues ya estos primerísimos CONAN tuvieron tiempo suficiente para desmembrar su set habitual a día de hoy, una hora holgada que acabaría con la dupla Hawk as a Weapon y Battle in the Swamp,  que conforman ese inicio tan épico de uno de sus LP’s predilectos: “Monnos”.

Tras la total oscuridad de los anteriores, vendría toda la luz de una banda de cada vez menos jóvenes americanos que pondrían la nota de color tanto musical como visualmente. Se llaman ELDER, vienen desde Boston, y ya desde hace algún tiempo no hacen más que cotizar al alza. Sin perder sus posiciones, el cuarteto defendió con gloria su onirismo sonoro lleno de efervescencia y frenesí psicodélico. Para mi fueron desde el primero momento la parte más atractiva del cartel, tanto por la calidad y frescura de sus trabajos, como por el contraste que supondrían para esta edición. Personalmente su anterior “Lore” me parece uno de los mejores discos que he escuchado en los últimos años y mi inquietud por escuchar cómo suenan sus paisajes musicales era infinita.

De primeras, ya hay que agradecerles que fueron los únicos que trajeron algo más que camisetas para el puesto de merch, exponiendo prácticamente su discografía completa en todos los formatos, que aunque no sea muy extensa todavía, atesora las grandes joyas que interpretarían para deleite de todos los allí presentes. Sanctuary abre su más reciente álbum “Reflections of a Floating World” e hizo lo propio con su concierto. Ya con esta pude disipar todas mis dudas y casi hasta temores sobre cómo se reflejan sus complejas composiciones en directo. Dead Roots Stirring y Legend vendrían después entre constantes afinaciones y para mi sorpresa también con el acompañamiento en la vocal de una notable parte del público. Con el permiso de Wyndorf probablemente fue el concierto más estimulante y provocador, con todos los presentes completamente entregados y sumergidos en los lances de guitarra que cruzaron Nicholas DiSalvo y Michael Risberg, constantemente dirigidos por ese penetrante tintineo de ride que tanto le gusta al señor Couto. La catarsis era inminente, y con las primeras florituras de Compendium la locura terminó de desatarse por completo. Es del todo indescriptible y refrescante la experiencia que supone ver ELDER en directo, una prueba constante para todos nuestros cuellos incapaces de seguir con precisión los desvaríos rítmicos que Jack Donovan es capaz de cruzar con tal precisión y contundencia a través de su bajo.

Entre tanto éxtasis, este show genuinamente conducido fue llegando a su fin, solo The Falling Veil y un ya clásico de la banda, Gemini, restarían de su repertorio para acabar así con un vibrante final que se iría ralentizando dejándonos agradecer la descarga de virtuosismo recibida con la gran ovación que les despidió mientras la voz de Nicholas aún seguía rebotando por las paredes. 

Con la sala en su punto máximo de asistencia llegó el momento de empezar con los platos fuertes de la noche. En primero lugar, tocaba volver a sentir el lodo emerger de los riffs más crudos y cargantes de la fiesta, palpar cómo se anega todo y verse sometido al dominio absoluto de toda una eminencia en los sonidos más pesados.  Por fin se destapaba en las alturas la batería que tendría la ardua tarea de contener con su tempo a un arrebatado Matt Pike deseoso de compartir toda su furia. Apareció entre la oscuridad, tan impetuoso y tan descamisado como siempre, completamente decidido a no desperdiciar un segundo de su tiempo, que estrenaría con Sons of Thunder a modo de calentamiento. 

La temperatura siguió subiendo, a la par que el volumen, con The Black Pot y Carcosa, que juntas dan inicio a su último trabajo editado en 2015, “Luminiferous”. Ambas dos representan fidedignamente las dos caras más representativas de HIGH ON FIRE: la primera pura exaltación y desenfreno; y la segunda la firmeza y la contundencia con ese distorsionado groove de bajo. Pero poca presentación necesitan ya los californianos. Lo que surgió como un proyecto paralelo de Mr. Pike, sumergido en la incertidumbre sobre futuro de sus hegemónicos SLEEP, ha resultado convertirse en otro referente más de lo que supone el stoner-doom más candente. Fertile Green y Rummors of War siguieron repasando lo más granado de sus veinte años de trayectoria, con la batería de Kensel haciendo retumbar los tabiques con cada pisotón. Quizá este fuera el único inconveniente que tuvo la noche, esa ambición por sonar tan alto y potente supuso cierto desborde en el sonido en algunos momentos, algo que enturbió pero no deslució todo el derroche de actitud y poderío del trío.

Con poco respiro, Matt siguió esputando la estrofas de sus mejores temas como la coreada Blessed Black Wings o Slave the Hive, tras la que sí se tomó uno segundos quién sabe si para saludar o ya casi más para despedirse, pues apenas un par de temas más sonarían antes de que se hiciera la luz sobre el escenario con Fury Whip, que antecede el glorioso final. Todo un recital que de no haber sido por esos descuidos con el sonido, me habría puesto mucho más difícil dar el primer puesto en este festival. El característico punteo de Snakes for the Divine aunaba a todos en un último esfuerzo para despedir la parte más densa, enérgica y contundente de este KRISTONFEST.

Recién llegado desde Bilbao y ocupando la parte más alta del cartel en esta edición volvía a Madrid años después otra eminencia innegablemente partícipe de la eclosión del stoner rock en los años noventa al otro lado del charco. No es otro que Dave Wyndorf, quien con estas dos fechas en nuestro país ha querido defender su nuevo trabajo con MONSTER MAGNET, pero sobre todo demostrar de primera mano su total recuperación y su espléndido estado de forma. Y así lo hizo, tras un necesario descanso para la cena, descargó durante aproximadamente hora y media los grandes temas que le han acompañado en su no poco convulsa carrera,  pero también lo más sobresaliente de su recién presentado “Mindfucker”.

Escoltados por el clásico logo de la banda, los de New Jersey comenzaron su set con Dopes to Infinity, espacial y contenida, durante la que pulieron los últimos detalles de sonido para que todo estuviera perfecto antes de presentarnos por primera vez en nuestra sociedad su nuevo retoño. Rocket Freak, Soul y la homónima Mindfucker sonarían una detrás de otra como ocurre en el disco, interpretadas con el vigor y la intensidad propios de los músicos que acompañan a este rey. Qué se puede decir de esa base rítmica que codirigen Chris Kosnik y Bob Pantella desde la retaguardia, ambos han ido llegando a la banda desde THE ATOMIC BITCHWAX y han ejercido su influencia para dejar su poderosa huella detrás de los aguzados riffs de aire tan clásico que representan MONSTER MAGNET

Radiation Day, When the Hammer Comes Down  o Space Lord siguieron disparando riffs de lo más canalla y garajero intercalados con frenéticos solos mientras un ansioso y entregado Dave se contorsionaba alrededor de su micro. Se dejaron querer, el público ayudó en todo momento con su caluroso apoyo a generar ese ambiente festivo al que evocan y del que se nutren sus temas, por eso la gente pidió más cuando la banda hizo intento de abandonar el escenario. Si bien se hicieron un poco de rogar, no podían marcharse sin regalarnos ese apoteósico final que ya inaugura un tema nuevo pero que empasta perfectamente con la trayectoria de la banda: Ejection.

Sin duda Wyndorf sabe rodearse de buenos músicos, pero sobre la tablas es claramente evidenciable que él es protagonista omnipresente e indiscutible, centrado obstinadamente en su papel de frontman, con la guitarra colgada prácticamente de adorno pero ejecutando su papel de forma intachable durante todo su show consiguiendo así la entrega total del público en las dos últimas End of Time y su mítica Powertrip. Todo un merecido baño de gloria lo que los americanos se llevaron, se marcaron un señor concierto que acabó antes de su tiempo establecido y que, por desgracia, con su final dejó algo mermada la audiencia de cara a la última banda del evento. Solo diré que no saben lo que se perdieron…

CHURCH OF MISERY serían los encargados de cerrar una velada que ya estaba siendo de lo más enardecedora, pero que acabaría convirtiéndose en verdaderamente épica. Pasadas las dos de la madrugada los japoneses subieron recompensar exponencialmente a todo aquel que aguantara para verles. Tras el llenazo de la noche anterior en Barcelona, afrontaban modestamente esta última posición argumentando con su buen hacer el por qué de lo anterior. Con sus canciones generaron una atmósfera de lobreguez absoluta avivada por la inspiración de las mimas, dedicadas exclusivamente a famosos asesinos en serie. Herbert Mullin, Ted Bundy o El Padrino de Matamoros estarían presentes a través de los desgañitados gritos del espasmódico Hiroyuki Takano que contaban sus historias.

Sonoridades de lo más sabbathescas y un turbulento doom de gran octanaje es todo lo que se debe esperar de los continuos aporreos de Tatsu Mikami sobre el mástil de su precioso Rickenbacker, que como es habitual, estuvo rozando el suelo en todo momento. Tatsu, no es ningún extraño para este festival, pues lo conocería en su primera edición, con una formación completamente distinta, pero con la misma doctrina musical que ha caracterizado siempre a estos enigmáticos CHURCH OF MISERY.

Los últimos serán los primeros, se dice por ahí, y no hay frase que encaje mejor con esta reciente edición del KRISTON. No puedo imaginar mejor cierre, ni recordar mejor concierto a lo largo del día, que el que se marcaron estos cuatro asiáticos vestidos de setenteros. Asombrosa sorpresa para acabar la noche incluso para mí, que no es la primera vez que me veo sometido a los embrujos de su música en directo; pero su concierto fue tan excepcional, espléndido de cabo a rabo, que así lo manifestaron todos los allí presentes, obligando a la banda a colgarse los instrumentos incluso después de haberse tirado la foto de rigor. Fue de lejos una extraordinaria e insuperable culminación para este eminente KRISTONFEST que nos regaló este estimulante viaje a través del pasado, presente y futuro del stoner rock de la más alta calidad; y esperemos lo siga haciendo por mucho tiempo.

Texto: Carlos Esteban (@mapexvsmeinl)

Fotos: Jorge del Amo Mazarío (Jorge_del_amo@rafabasa.com) – Twitter: @Jorge_del_amo

Para ver las fotos a mayor tamaño, pinchar sobre ellas.

 

 

 

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