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Crónica y fotos de JUDAS PRIEST + AIRBOURNE + DIRKSCHNEIDER en Pamplona

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JUDAS PRIEST

+ AIRBOURNE + DIRKSCHNEIDER

Martes 18 de Agosto de 2026 – Navarra Arena – Iruña – Pamplona

Funden el Navarra Arena

Hay carteles que necesitan demasiadas explicaciones y otros que se venden prácticamente solos. El que reunió el pasado martes 18 de agosto a DIRKSCHNEIDER, AIRBOURNE y JUDAS PRIEST en el Navarra Arena pertenece indiscutiblemente al segundo grupo. Tres maneras bastante diferentes de entender la música dura, tres generaciones, tres escuelas y, sobre todo, un denominador común: muy pocos artificios pueden sustituir a una buena colección de canciones cuando quienes las interpretan llevan décadas aprendiendo a defenderlas sobre un escenario.

La fecha era además curiosa. Un martes de agosto, en Pamplona, con tres bandas internacionales y comenzando la música cuando para muchos todavía no había terminado siquiera la jornada laboral. Poco importó. Desde primera hora vimos un aforo realmente importante y, cuando llegó el momento de JUDAS PRIEST, el Navarra Arena presentaba ese aspecto que merece un cartel semejante. Los que saben de esto dicen que más de diez mil almas nos congregamos ayer a una de las citas más importantes del año en nuestro país, en cuanto al metal se refiere.

Personalmente afrontaba la noche con dos perspectivas muy diferentes. A AIRBOURNE los he visto unas cuantas veces y sé perfectamente qué clase de fiesta ofrecen, aunque reconozco que no controlo su discografía con la profundidad con la que conozco a los otros dos protagonistas. Con UDO DIRKSCHNEIDER y JUDAS PRIEST la historia cambia. Estamos hablando de músicos y canciones que forman parte de los cimientos del heavy metal europeo, y de un público que conoce perfectamente cuándo entró un batería, quién grabó un determinado disco o qué guitarrista ejecutaba originalmente cada pasaje. Así que esta vez tocaba afinar el oído. Y mucho.

DIRKSCHNEIDER

45 minutos de historia del heavy metal alemán

A las 19:00 en punto llegó el primer grito de UDO DIRKSCHNEIDER. Ni un minuto antes ni uno después. Cuarenta y cinco minutos más tarde, exactamente a las 19:45, aquello había terminado.

DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona

Sin contemplaciones.

El reducido espacio disponible para la banda, condicionado por buena parte de las producciones que JUDAS PRIEST y AIRBOURNE ya tenían instalada detrás, obligó a DIRKSCHNEIDER a desenvolverse prácticamente en la franja frontal. Una pantalla con el logotipo del grupo, predominio de iluminación roja durante los primeros compases y poco más. Tampoco hacía falta demasiado.

“Fast as a Shark” fue la primera bofetada y sirvió para poner todas las cartas encima de la mesa desde el minuto uno. Las dos guitarras comenzaron a cruzarse con mucha solvencia mientras Sven Dirkschneider golpeaba desde atrás con bastante más protagonismo del que uno podría esperar. Su batería fue uno de los elementos que mejor sonaron durante todo el concierto y, además, estuvo muy presente en los coros, ejerciendo casi como una segunda voz de apoyo durante buena parte del repertorio.

DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona

La formación de esta gira tiene además una particularidad que conviene aclarar porque cualquiera que siga habitualmente a Udo puede haberse extrañado al ver quién empuñaba el bajo. Peter Baltes no estaba sobre el escenario. El histórico músico sufrió recientemente una grave caída durante el Pyraser Classic Rock Night que le provocó tres costillas rotas, obligándole a apartarse temporalmente de los conciertos. Alex Jansen se está haciendo cargo del instrumento durante su recuperación. En aquel mismo incidente también cayó Alen Brentini, que sufrió varias lesiones y contusiones, aunque sí pudo continuar actuando. Por tanto, en Pamplona vimos a Udo Dirkschneider a la voz, Sven Dirkschneider a la batería, Dee Dammers y Alen Brentini a las guitarras, y Alex Jansen cubriendo la ausencia de Baltes.

“Living for Tonite” llegó inmediatamente después, prácticamente sin respirar, y ahí empezamos a comprobar cómo iba a funcionar la garganta de Udo aquella tarde. Su voz estaba quizás un poco baja en la mezcla desde nuestra posición, pero el timbre permanecía ahí, inconfundible, áspero, cortante, casi industrial. Estamos hablando de un señor de 74 años interpretando material con cuatro décadas encima, así que establecer comparaciones con su propia versión de los años ochenta sería tan injusto como absurdo. Lo importante es que sigue defendiendo las canciones con dignidad y sin convertirlas en una caricatura de sí mismas.

DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona

“Midnight Mover” mantuvo ese arranque acelerado y “Breaker” desembocó en uno de los buenos momentos de guitarra de la tarde. Toda la banda sonaba compacta. Poco espacio para moverse, sí, pero mucha solvencia instrumental y una sección rítmica con bastante más contundencia de la esperada para una actuación de apertura.

Después llegó “Metal Heart”, y con ella uno de esos instantes que explican por qué algunas canciones sobreviven mucho mejor que otras al paso del tiempo. La conocida cita a “Für Elise” de Beethoven apareció en mitad del tema y miles de personas la coreamos como si aquella melodía escrita dos siglos atrás hubiese pertenecido toda la vida al repertorio de ACCEPT. Es una de esas apropiaciones musicales tan integradas en la identidad de la canción que cuesta imaginarla sin ella.

DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona

“Up to the Limit” mantuvo la dureza antes de que “Princess of the Dawn” introdujera un desarrollo más largo y atmosférico. Aquí comenzó también una de las pocas cosas que personalmente cambiaría del concierto: algunos pasajes de participación con el público se alargaron demasiado. Entiendo perfectamente el ritual, especialmente en canciones que llevan toda una vida formando parte del repertorio, pero con solamente 45 minutos disponibles habría agradecido recortar un poco los cánticos y meter una canción adicional.

Esa sensación se hizo todavía más evidente con “Balls to the Wall”, encargada de cerrar la actuación. El bajo de Jansen adquirió muchísimo peso y la banda volvió a retirar parcialmente los instrumentos para dejar que fuese el Navarra Arena quien cantase. Funcionó, por supuesto. Todo el mundo conoce aquello. Todo el mundo levanta el puño. Todo el mundo sabe qué viene después. Pero precisamente por eso me habría gustado arañar tres o cuatro minutos y escuchar una última descarga.

DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
DIRKSCHNEIDER - Navarra Arena - Iruña - Pamplona

Sea como fuere, cuesta imaginar un telonero más apropiado para JUDAS PRIEST. Udo es otra leyenda viva de una generación que, por pura lógica biológica, sabemos que no podremos disfrutar eternamente. Poder verlo todavía en 2026, con 74 años, interpretando estas canciones y acompañado por músicos de semejante nivel, no debería parecernos algo normal.

Es un privilegio. Y quizá empezaremos a comprenderlo de verdad cuando ya no podamos hacerlo.

SetList:

  1. Fast as a Shark
  2. Living for Tonite
  3. Midnight Mover
  4. Breaker
  5. Metal Heart
  6. Up to the Limit
  7. Princess of the Dawn
  8. Balls to the Wall

AIRBOURNE

Dos kilos menos después de cada concierto

Veinte minutos después de DIRKSCHNEIDER ya estaba todo preparado para cambiar completamente de registro.

Después de sonar “Run to the Hills” por la PA, AIRBOURNE tomaron el escenario aproximadamente a las 20:10. Y si Udo representa esa imagen hierática y acerada del heavy metal clásico europeo, Joel O’Keeffe representa exactamente lo contrario: un tío al que deberían pesar antes y después de cada concierto porque estoy convencido de que pierde dos kilos por noche.

AIRBOURNE - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
AIRBOURNE - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
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Qué barbaridad.

He escuchado muchas veces aquello de que quien ha visto una vez a AIRBOURNE ya los ha visto todas. De hecho, lo comentábamos en la crónica que publicamos después de su actuación en ROCK IMPERIUM el año pasado. Y mi respuesta sigue siendo exactamente la misma: probablemente sea verdad. Pero tampoco me parece un problema.

También sabemos cómo termina nuestra película favorita y no dejamos de verla.

Joel O’Keeffe salió nuevamente dispuesto a recorrer todos y cada uno de los centímetros disponibles mientras cantaba y tocaba la guitarra. Su hermano Ryan ocupaba la batería, Justin Street el bajo y Brett Tyrrell la segunda guitarra. Estos dos últimos quedan inevitablemente ensombrecidos por el huracán que tienen al lado, pero sería injusto reducir AIRBOURNE al espectáculo de Joel. Especialmente importante me pareció el trabajo de Brett en los coros. Desde nuestra posición se percibía perfectamente cuánto sostiene y refuerza algunas líneas vocales, aportando cuerpo cuando la voz principal comienza a moverse por esa frontera entre el grito, la distorsión natural y el rock and roll más sucio.

Y es lógico que Joel necesite ayuda. No para quieto.

AIRBOURNE - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
AIRBOURNE - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
AIRBOURNE - Navarra Arena - Iruña - Pamplona

Corre. Salta. Toca. Canta. Se acerca al borde. Retrocede. Vuelve a saltar. Lanza una púa a una distancia absurda (¿30 metros?). Se baja del escenario. Se mete entre el público sin dejar de tocar. Le pasan una cerveza. Se la revienta contra la cabeza y ducha a todo el respetable, en una orgía incontrolable de rock, cerveza y descontrol.

Y vuelta a empezar.

No hubo esta vez las columnas de fuego que sí disfrutamos en ROCK IMPERIUM 2025, aunque visualmente el escenario estaba muy reconocible, con una importante presencia de amplificación Marshall y una gran gráfica trasera de AIRBOURNE. Musicalmente, sin embargo, sonaron tremendamente bien. La voz estaba incluso algo más presente en la mezcla que durante DIRKSCHNEIDER y las guitarras tenían esa saturación gruesa, seca y directa que necesita esta música para funcionar.

“Ready to Rock” fue uno de los primeros momentos en los que el público entró verdaderamente en el juego. Joel detenía el riff y el Navarra Arena completaba la respuesta. Poco después ya estaba paseándose entre la gente con la guitarra mientras el concierto adquiría esa sensación de caos perfectamente ensayado que caracteriza a los australianos.

Eso es lo paradójico de AIRBOURNE: parecen estar continuamente a punto de perder el control, pero casi nunca lo pierden.

AIRBOURNE - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
AIRBOURNE - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
AIRBOURNE - Navarra Arena - Iruña - Pamplona

“Breakin’ Outta Hell” volvió a acelerar las pulsaciones y, durante el desarrollo posterior del concierto, Joel continuó con su particular sistema de distribución hostelera. Vasos lanzados desde el escenario a distancias considerables, describiendo parábolas imposibles, y aficionados intentando atraparlos para beber inmediatamente su contenido. No sé si existe otra banda que consiga convertir semejante tontería en parte integral de un espectáculo durante tantos años, pero ellos lo hacen.

También hubo algún contratiempo. En cierto momento Joel tuvo un problema con la guitarra y el instrumento fue sustituido en aproximadamente diez segundos. Sin discursos, sin pausa perceptible y prácticamente sin alterar el ritmo del show. Son pequeños detalles que hablan bien de un equipo técnico acostumbrado a trabajar con una banda cuyo cantante puede aparecer en cualquier lugar menos donde se supone que debería estar.

AIRBOURNE - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
AIRBOURNE - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
AIRBOURNE - Navarra Arena - Iruña - Pamplona

“Alive After Death” apareció ya cerca del final y para entonces el recinto presentaba una entrada enorme. Después llegarían los últimos coletazos y “Runnin’ Wild”, cierre casi inevitable para una banda que ha convertido precisamente esa idea, correr salvajemente, en su filosofía escénica.

A las 21:00 aquello había terminado. ¿Habíamos visto cosas parecidas otras veces? Sí. ¿Volvería mañana? También.

Porque AIRBOURNE no venden sorpresa. Venden rock and roll, sudor, volumen, cerveza y cincuenta minutos durante los cuales es prácticamente imposible aburrirse, con la cantidad de estímulos de los que disponen los parroquianos, a cada segundo.

JUDAS PRIEST

LOS DIOSES SIGUEN ENTRE NOSOTROS

Quedaban cuarenta minutos para el plato fuerte y decidí buscar sitio con tiempo.

Acabé en tercera fila, prácticamente delante de los aposentos de Richie Faulkner. Confieso que existía una motivación adicional: intentar cazar alguna púa. El hombre debió lanzar más de treinta durante el concierto. No conseguí ni una, a pesar de que más de una me rozara los bigotes, pardiez. Fracaso absoluto, estoy perdiendo facultades.

A cambio, aquella posición me permitió contemplar a muy poca distancia una de las formaciones más importantes de la historia del heavy metal. También condicionó inevitablemente mi percepción del concierto. Richie estuvo permanentemente delante de nosotros haciendo poses y dedicándonos miradas y riffs a partes iguales, mientras Andy Sneap y Ian Hill permanecían buena parte del tiempo en el lado contrario y bastante más estáticos. En determinados y contadísimos momentos ocuparon posiciones centrales, pero hacia nuestra zona quien realmente peregrinaba era Halford.

JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
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A las 21:41 comenzó a sonar la música previa. “War Pigs”, de BLACK SABBATH, sirvió como recordatorio de dónde procede buena parte de todo aquello. Un minuto después arrancaba la introducción propiamente dicha y el enorme telón con el collage de iconografía de PRIEST todavía ocultaba el escenario.

Cuando cayó, apareció la maquinaria.

Una gran pantalla principal dominaba el fondo, complementada por cinco superficies holográficas más pequeñas distribuidas a ras de escenario, que al fin y al cabo, todo lo envolvían. Scott Travis presidía el conjunto desde una plataforma elevada, con Richie Faulkner, Andy Sneap e Ian Hill desplegándose por la parte baja. El tratamiento visual mezclaba continuamente iconografía histórica de la banda, grafismos industriales, vídeo en directo y una iluminación mucho más ambiciosa de lo que habíamos visto hasta entonces.

Y en medio de todos ellos y desde el primer segundo, estaba el metal god por excelencia: Rob Halford. Y aquí voy a dejar clara una cosa desde el principio.

Halford es Dios. Y al que me lo rebata, que abandone la sala inmediatamente, porque Dios sigue siendo Dios con 74 años. Punto.

“You’ve Got Another Thing Comin’” abrió el concierto con una decisión que me pareció inteligente. No es la canción más exigente vocalmente del repertorio y permite que todo vaya entrando en temperatura progresivamente. Pertenece a Screaming for Vengeance, publicado en 1982, y resulta curioso recordar que fue una de las últimas composiciones que la banda incorporó al álbum. Terminó convirtiéndose en una de las piezas fundamentales para el enorme crecimiento de PRIEST en Estados Unidos. Sonó estupenda.

JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona

Pero más importante todavía: Halford salió mucho mejor de lo que personalmente le vi el año pasado. Sin gafas, menos estático, entrando y saliendo mucho menos del escenario y recorriendo continuamente la parte frontal. Evidentemente sus desplazamientos son ahora pausados. Tiene 74 años, no 34. Pero aquella imagen de un vocalista administrando cada movimiento con extremada cautela fue sustituida por otra bastante más activa.

“Metal Gods” nos permitió viajar hasta British Steel, y aquí conviene detenerse un momento porque esta canción contiene una de esas pequeñas historias que explican cómo se fabricaban discos antes de que cualquier sonido pudiera obtenerse pulsando un botón. El álbum fue producido por Tom Allom y grabado en los Startling Studios de Tittenhurst Park, entonces propiedad de Ringo Starr. Para crear parte de los efectos metálicos de “Metal Gods” utilizaron elementos tan poco sofisticados como bandejas y cubiertos golpeados para recrear aquel caminar mecánico. El propio material oficial de JUDAS PRIEST sigue presentando British Steel como uno de los trabajos cardinales de su discografía.

Cuarenta y seis años después estábamos escuchando esa canción con Ian Hill todavía en el escenario. Poca broma.

Hill es, además, el contrapunto perfecto a toda la teatralidad que rodea a PRIEST. Mientras Halford cambia de vestuario y Richie Faulkner exprime cada centímetro del escenario, Ian continúa ejerciendo ese papel aparentemente sencillo de bajista anclado al terreno, sosteniendo el edificio desde abajo. No necesita mucho más. Es el “Chuck Norris” del metal, y no lo digo solo por su cierto parecido físico.

Antes de la tercera canción Halford salió a recibir un auténtico baño de masas y anunció que PRIEST estaba de vuelta, justo antes de que sonaran los archiconocidos acordes iniciales del inmortal himno, “Breaking the Law”.

Aquí cantar casi sobra.

JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
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De hecho, Halford dejó una parte importante del trabajo al público y miles de gargantas terminaron las frases. En otras circunstancias podría criticarlo, pero cuando una canción ha alcanzado semejante categoría colectiva, intentar imponerse a la voz del recinto resulta casi innecesario. Otra vez British Steel, otra vez 1980, otra vez una composición que ha terminado trascendiendo al propio grupo.

Y entonces llegó una de las grandes sorpresas: “The Ripper”.

La canción pertenece a Sad Wings of Destiny, de 1976, disco que acaba de cumplir cincuenta años y que representa todavía una etapa en la que PRIEST estaba terminando de definir el idioma que después utilizarían miles de grupos. La recuperación es además significativa porque “The Ripper” no aparecía en los repertorios regulares de las últimas giras y las primeras fechas de Faithkeepers han supuesto su regreso después de varios años.

Halford la atacó sin esconderse. Y aquí empieza el asunto que probablemente genere comentarios.

El año pasado hubo bastante discusión alrededor de si Rob utilizaba voces disparadas o algún tipo de playback. Estuve pendiente precisamente por aquello. Desde tercera fila, observando respiraciones, ataques y finales de frase, yo no aprecié nada que me hiciera pensar que la voz principal estuviera siendo reproducida. Y quiero que esto quede meridianamente claro. Rob no usa ayudas, de ningún tipo. Punto.

Sí que hay una reverberación bastante generosa que prolongaba la cola de determinados alaridos, cinco o seis veces en todo el bolo, haciendo que algunos finales parecieran durar más de lo que físicamente Halford mantenía la emisión. Eso no es playback. Es procesamiento puntual de una señal vocal en directo, algo absolutamente habitual en cualquier producción de este tamaño. Algo que por ejemplo, también aprecié en el show de AIRBOURNE. Y no pasa absolutamente nada.

No puedo certificar qué ocurre dentro de una mesa digital que no estoy operando yo. Sería absurdo hacerlo. Lo que sí puedo contar es lo que vi y escuché desde tres filas de distancia: Halford cantando, respirando, atacando las notas y administrando sus recursos. Tomándose algún descanso entre tema y tema para salir de las tablas, respirar, y volver a entrar. Nada más. Y, por cierto, llegando arriba. Muy arriba.

JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona

“The Sentinel” volvió a poner el foco sobre las guitarras. La pieza de Defenders of the Faith sigue siendo una demostración magnífica de esa arquitectura de dos guitarras que convirtió a PRIEST en escuela. El sitio que durante décadas compartieron Glenn Tipton y K.K. Downing tiene hoy una configuración diferente, con Richie Faulkner aportando una presencia mucho más expansiva y Andy Sneap ejerciendo una función escénica bastante más sobria. El ADN, sin embargo, permanece construido alrededor de la necesidad de esas dos guitarras. La propia web oficial conserva incluso las partes aisladas y transcripciones de “The Sentinel”, una muestra de hasta qué punto ese entramado de guitarras forma parte de la identidad de la composición.

Evidentemente existe una ausencia que continúa pesando, aunque llevemos ya años acostumbrados a ella. Glenn Tipton sigue siendo miembro de JUDAS PRIEST, pero el párkinson que padece le obligó a abandonar las giras regulares en 2018. Andy Sneap ocupa desde entonces su posición sobre el escenario, aunque Tipton ha seguido participando puntualmente con la banda. Ver hoy a PRIEST implica asumir esa ausencia, especialmente cuando uno escucha canciones construidas alrededor de aquel histórico entramado de guitarras, pero también entender que la continuidad del grupo pasa necesariamente por esta configuración.

Después llegó “Desert Plains”, con proyección incluida de la portada del propio Point of Entry, y acto seguido saltamos nada menos que 37 años hacia delante con “Lightning Strike”, incluida en Firepower. Esta última nos sirvió para comprobar algo fundamental: JUDAS PRIEST no necesita vivir exclusivamente de 1980 a 1990. “Lightning Strike” soporta perfectamente la convivencia con los clásicos y sonó moderna sin traicionar absolutamente nada. El grito final de Halford fue formidable, uno de esos momentos en los que uno mira alrededor buscando caras que confirmen que los demás han escuchado la misma animalada. En ese momento ya no me aguanté más, y entablé conversación con algunos espectadores que había tenido al lado durante todo el bolo: “Oye, soy yo o este es el mejor show de JUDAS de los últimos años?” – “Completamente de acuerdo. Halford está impresionante, todo suena perfecto y la banda está disfrutando”.

Vale, no era cosa mía entonces.

JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona

Después llegó “Turbo Lover”. Otro cambio de textura, donde las guitarras se vuelven más melódicas, el pulso adquiere esa cadencia mecánica tan característica y el espectáculo visual acompaña con engranajes, maquinaria e imaginería industrial. Turbo, publicado en 1986, fue uno de los discos en los que PRIEST abrazó más abiertamente tecnologías y sonidos de guitarra propios de aquella mitad de los ochenta. Que “Turbo Lover” continúe funcionando cuatro décadas después dice bastante de una canción que, fuera cual fuera la discusión estética de su momento, posee un riff imposible de confundir.

“Steeler” nos devolvió otra vez a British Steel. Y aquí la variedad del repertorio comenzó a llamar mucho la atención. No estábamos ante una simple recopilación de singles. Estaban excavando. Halford se sentó después durante unos instantes en un taburete, hacia un lateral, para hablarnos del heavy metal como comunidad. No necesitó montar un discurso eterno. Agradecimiento, descanso breve y vuelta al trabajo.

“Delivering the Goods” recuperó Killing Machine y dejó paso al material contemporáneo con “Panic Attack”, de Invincible Shield. Ese contraste es justamente una de las mejores virtudes del repertorio de esta gira. Podemos saltar desde finales de los setenta hasta 2023 sin que parezca que estamos viendo dos grupos diferentes. La producción ha cambiado, el sonido de las guitarras tiene ahora mayor densidad y obviamente faltan protagonistas históricos, pero sigue existiendo una gramática PRIEST reconocible.

Después llegó “Victim of Changes”. Y Halford volvió a pelearla. Utilizo conscientemente ese verbo. A estas alturas no canta estas canciones como quien reproduce una grabación. Las pelea. Escoge dónde apretar, dónde respirar, dónde dejar espacio a la banda y dónde sacar todavía esa especie de cuchillo que conserva en la garganta. Después de cincuenta años no necesito que “Victim of Changes” suene como en 1976. Necesito que siga emocionándome. Y lo hizo.

“Halls of Valhalla” cubrió el escenario y las pantallas de un intenso y profundo color rojo, y nos llevó a Redeemer of Souls, acompañada por imaginería nórdica y por uno de los registros más agresivos de Rob en toda la noche. Aparecieron voces mucho más rasgadas, hasta guturales (soberbios) por momentos, y un final apoteósico con Halford sin dar muestras de cansancio.

Y entonces todo se apagó. Quedaba una: “Painkiller”. El redoble inicial de este corte debería figurar en algún catálogo de patrimonio industrial del heavy metal. La labor inconmensurable de Scott Travis clavó cada golpe, y yo que lo disfruté como un niño.

Travis entró en JUDAS PRIEST al final de los ochenta y Painkiller, publicado en 1990, fue el primer álbum de estudio de la banda con él sentado a la batería. Aquella entrada transformó de manera inmediata la percepción rítmica del grupo. El propio PRIEST identifica Painkiller como uno de los discos fundamentales de su carrera y la formación Halford, Tipton, Downing, Hill y Travis volvería a ser señalada años después por la propia banda como una de sus alineaciones definitivas.

Ayer Scott Travis se plantó delante del set de batería con 64 años, y siguió tocando esa introducción como un chaval que acaba de entrar en el grupo y necesita demostrar que merece el puesto. Precisión, pegada, velocidad y una claridad absurda en cada golpe.

JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona
JUDAS PRIEST - Navarra Arena - Iruña - Pamplona

El resto de músicos fueron apareciendo sobre ese vendaval y Halford salió para enfrentarse a una de las canciones más desalmadas que jamás haya escrito JUDAS PRIEST para un vocalista. Otra vez no se escondió, otra vez llegó. Este tío es Dios.

Terminó el bloque principal y unos minutos después se encendió nuevamente la cruz de PRIEST, situada en el fondo del escenario presidiéndolo absolutamente todo y elevada unos cuantos metros sobre nuestras cabezas.

“The Hellion”. Pocas introducciones necesitan tan poco tiempo para provocar tanto. La breve pieza instrumental desembocó en “Electric Eye”, respetando una pareja que ya abría Screaming for Vengeance en 1982. La edición oficial del trigésimo aniversario del álbum conserva precisamente esa secuencia inicial, y PRIEST la ha utilizado conjuntamente en directo durante décadas.

Después escuchamos un motor. Ya sabíamos qué venía. Halford apareció rodando sobre la Harley, donde permaneció sentado casi todo el tema, y comenzó “Hell Bent for Leather”. Y aquí me acordé inmediatamente de Jorge, un buen amigo mío que hace unos 25 años trabajó en el montaje del concierto que JUDAS PRIEST ofrecieron en Vitoria en 2001. Según me ha contado más de una vez, le tocó subir precisamente la moto utilizada por Halford hacia el escenario entre dos personas y por una rampa. Su descripción técnica del vehículo es bastante menos sofisticada que todo lo explicado anteriormente: «Aquello pesaba un huevo y eso que no tenía motor». Dice que todavía le duele la espalda.

Richie Faulkner volvió a llevarse buena parte del protagonismo instrumental de “Hell Bent for Leather” y solamente quedaba un último cartucho: “Living After Midnight”. Otra vez British Steel. Otra vez 1980. Otra vez miles de personas cantando una melodía que no necesita explicación alguna y que suele ser el cierre habitual para un show de JUDAS PRIEST.

A las 23:17 Rob Halford se despidió prometiendo que volverían, quedándose solo en el escenario y recibiendo una tremenda y obscena ovación. Y espero que así sea, porque no me pregunten el por qué, pero a mí todo este final me destiló un amargo sabor a despedida. Ojalá me equivoque.

Los dioses todavía caminan entre nosotros. Y alguno sigue llegando a los agudos.

SetList:

  1. You’ve Got Another Thing Comin’
  2. Metal Gods
  3. Breaking the Law
  4. The Ripper
  5. The Sentinel
  6. Desert Plains
  7. Lightning Strike
  8. Turbo Lover
  9. Steeler
  10. Delivering the Goods
  11. Panic Attack
  12. Victim of Changes
  13. Halls of Valhalla
  14. Painkiller

Bises:

  1. The Hellion / Electric Eye
  2. Hell Bent for Leather
  3. Living After Midnight

Texto: Jon Rivas Delgado

Fotos: Peifer

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29 COMENTARIOS

  1. Magnífica crónica. Que conciertazo de los Judas. Tremendo Halford con las limitaciones propias de la edad, repertorio sensacional. Las mejores Steeler, Delivering y por supuesto Víctima y un gran Painkiller que a mí me pareció más rápido que otras veces. La banda también genial, me gustó Andy no tan estático como esperaba. Sorpresa con Desert Plains. Gran sonido y juego de luces. Para mí sigue valiendo la pena verlos. A mí me pareció que cantaba Halford y luego esos ecos que lleva usando desde la primera vez que les vi en la gira Reunited con peor repertorio. Por desgracia hay canciones que ya no puede cantar sin quedar mal, así que ni las echo de menos. Para mí es más que suficiente.

  2. El concierto de Judas fue una maravilla de principio a fin. Me emocioné muchísimo. los PUTOS AMOS, por todo, por entrega, por sonido, por ejecución, por carisma, y sobre todo, por Historia.

  3. Felicidades por la crónica además con un poco de historia de cada tema. Qué maravilla.
    Espero que no sea una despedida, si dicen will be back espero que asi sea. Rockfest BCN? ojalá.

  4. Lo que comentas de la voz de Halford, las repeticiones de la voz, no las hace la reverb, lo hace el delay, el señor Halford hace años que lo usa y es normal por la edad, en guitarra es un efecto muy usado y que ayuda a los solos

  5. Yo no entiendo como a estas alturas Sneap sigue tocando algunos fragmentos realmente mal. Sé que son detalles menores para la mayoría, pero no son una banda cualquiera! Partes como cuando se queda él solo en victim of changes poco antes del solo me resultan dolorosas.
    Halford pues lo dicho,, es Dios, pero se le nota cansado. Muchas partes habladas rn vez de cantadas. Pero a él precisamente se lo perdonaré todo. Eso si, estaba mejor el pasado verano

  6. Yo no estuve en el concierto pero la crónica es alucinante. A estas alturas del patio con tantas redes sociales que no aportan nAda dirigidas por gente que no sabe lo que habla, da gusto leer una web como Rafabasa
    Me de la impresión que JUDAS iran a Rock Imperium

      • Tranqui, aparte de Helloween irán varias docenas de grupos más 😉

        Los Judas ya estuvieron en 2024. No voy a decir que no me gustara que volvieran pero personalmente prefiero que vengan grupos que no hayan tocado en el festi. Volbeat, Manowar, Cradle of Filth, Ghost, Megadeth, Slayer, Parkway Drive, Papa Roach,. Behemoth, Halestorm… Será por.gruoos…

  7. Yo el fenómeno de airbourne no lo tengo muy claro y no le pillo el punto a esta clase de grupos , rock simplón a mas no poder ,igual que thundermother mas de lo mismo

  8. En pocas horas los veo en Roig Arena. Pecado que UDO no toque después de Airborne. Ojalá Judas dure más que el conejo de Duracell.

    Y la próxima parada Sun & Thunder para gozar con Avantasia, Primal Fear, y Destruction. Hay disponibles abonos de 3 días entre 75 y 90€ en TicketSwap. Yo me pillé uno por 60€.

  9. Airbourne no deja de ser un ACDC 2.0 sw diferencían pues por toraf birras, subir en barca y un par de hits. Aun así el tío se lo curra y anima mucho pero no hay más cera de la que arde..

    • Oyes pues a mí no me dejan de impresionar.. Me parece que ya tienen una buena ristra de temazos pese a que no inventen nada (ni falta que hace). Lo del directo de esta gente ya me parece inigualable. Pocas bandas desprenden tanta energía y calidad
      UDO es uns leyenda y los Judas, Dios. Así que nos pasamos 4 horitas y pico apoteósicas.

  10. La verdad es que no esperaba tanto a estás alturas del partido soy consciente que no son los primeros Judas de los 80 con aquellos conciertazos que nos hicieron ver el cielo en su primera vez que tocaron en Anoeta les he visto puede que todas las veces que han tocado en España quitando como mucho cuatro veces incluso recuerdo la vez que tocó Halford en una sala pequeña creo que fue en Vergara pues eso que siguen entre nosotros que más podemos pedir a los Dioses del Metal

  11. Yo esta vez no fui pero hace dos años en ese mismo sitio dieron otro pedazo concierto.
    Solo un apunte. Se dice que en el 2001 se subio la moto de Halford al escenario en Vitoria. En esa epoca no estaba Halford, estaba Ripper, y me atreveria a decir que fue el 2002. Pero vamos, como chascarrillo. Y por ciero pedazo de concierto aquel tambien, a pesar de la poca afluencia de publico (y Savatage de teloneros).

  12. Enhorabuena por la crónica. Les vi ahi mismo hace 2 años, entonces dieron un señor concierto y debo decir que en este año volvieron a bordarlo. No tengo ningun pero, Halford de 10 para su edad (de hecho re uerdo verlos en el Kobetasonik, creo que en 2008, y ahi no me gustó ni él ni el resto del grupo), Udo y Airbourne me parecieron unos geniales teloneros, tenía sobre todo ganas de ver a Udo, que nunca había tenido la oportunidad, asi da gusto ir de propio a una ciudad para ver un concierto. Ojalá pueda volver a verles cuanto antes. Priest!!

  13. De las 4 veces que los he visto la mejor. Detrás de esta la de la cubierta con Saxon y Motorhead poco antes de morir Lemmy. Sin duda está es la mejor. Como dicen por aquí en el Kobeta cuando salía vestido de Nostradamus no me gustó tanto. Cierto que me cuesta ser objetivo. Halford es eterno

  14. Los vi en Bilbao en 2005 (creo) por primera vez; me decepcionaron (además, era la gira del Nostradamus). Los vi en 2015 en un casino al sur de Chicago; estuvo mejor, pero ya pintaban a viejas glorias venidas a menos. Así que, ayer, fui al concierto de Valencia con cierto miedo de qué me encontraría, sobre todo, tras las experiencias recientes de Megadeth y Deep Purple (también en Valencia) este verano, donde ni Mustaine ni Gillan ya pueden cantar (aunque ambos grupos sigan sonando bien musicalmente).
    Todos mis miedos se disiparon pronto. Halford con un nivel vocal difícil de creer, y la banda con un sonido fantástico (Turbo Lover sonó pesadísima, con un sonido como con mucho cuerpo — no se cómo describirlo mejor). A eso añadimos la acústica y calidad sonora del Roig Arena y, como dice el autor del artículo, la gente se miraba, incrédula, buscando la confirmación de que otros estaban escuchando lo mismo y no eras tú el único flipando.
    Un concierto apoteósico. Punto.

  15. La ultima vez que les vi fue el año pasado (creo) en el bec y me pareció que hicieron un concierto como quien va a hacer 7000 piezas al día en una máquina. Que muy bien, pero sin pasión.
    Me alegro de que sigan emocionando y ojalá me vuelvan a emocionar a mí.
    Felicidades por la crónica. Muy chula.

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