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DÜNEDAIN en Madrid – Llenazo y conciertazo

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DÜNEDAIN

Sábado 11 de Abril de 2026 – Sala Copérnico – Madrid

Llenazo y conciertazo

DÜNEDAIN es una banda nacional que se lo lleva “currando” desde hace tiempo a base de tesón, buenas canciones,  conciertos y se han ganada a pulso una reputación intachable entre la mayoría de los metaleros. En mi opinión, viven su mejor momento, y están entre las tres bandas más grandes de España, sin duda.

DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid

Ya se que hay muchas formaciones, conocidas y menos conocidas, que trabajan con afán, y hacen excelentes canciones, pero a DÜNEDAIN ya les toca,  porque se lo llevan mereciendo desde hace mucho, y poco a poco, van conquistando territorios y corazones heavies, tras sus inmejorables discos y según van tocando por nuestra geografía española y latinoamericana.

DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid

Les vi en LEYENDAS DEL ROCK y la anterior vez en el festival GINETA ROCK, y “se salieron”. Esta noche pasada, en Madrid, llenaron la sala Copérnico, y triunfaron; la verdad es que nadie esperaba menos.

Los liderados por Tony Delgado viven su mejor momento, sin duda, y tras sacar un gran álbum como es “Érase” y tocar en varias ciudades, les faltaba pasar por Madrid y certificarlo, coronando su gira, que seguirá durante los próximos meses.

DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid

La banda gira alrededor de Tony, quien lleva el timón de todo, sigue cantando muy bien y es el guitarrista principal, haciendo los solos, con  Mariano Sánchez como aliado. Junto a él, Carlos Sanz demostró la noche del sábado ser el aderezo perfecto para DÜNEDAIN, cantando a dúo con Tony, y luciéndose en las subidas y tonos más elevados, además de ser un frontman con empuje, actitud y un “rollazo” sublime en directo. Junto a los citados, Alberto P. Velasco al bajo, quien como siempre no paró de moverse de un lado a otro del escenario y derrochar simpatía, y Miguel Arias a la batería.

DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid

Con un sonido mejorable, -un poco encajonado-, unas luces buenas, aunque a veces les faltó más luminosidad frontal, algunos artificios como chispas, etc, y una pantalla trasera donde su fueron proyectando escenas relacionas con sus álbumes y temas, la banda estuvo casi dos horas dejándose la piel.

Tony dio varias veces las gracias por el llenazo, y dijo varias veces que Madrid es la capital del “Puto Heavy Metal”, cosa que remarcó y reconfirmó, dijo  que llevaban años sin tocar en Madrid, y ya tocaba, y recordó casi al final la primera vez que tocaron en la Sala Ritmo y Compás.

DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid

El repertorio incluyó todos los temas que queríamos escuchar, del nuevo álbum “Érase” y los clásicos, aunque siempre habrá quien echó en falta canciones, incluyendo a la propia banda, ya que  hacer un set list es arduo complicado.

“A un paso del Cielo”, arrancó la maquinaria tras la intro, de su anterior álbum “Memento Mori” (2019). Desde el principio el público saltó y cantó a tope. Esta noche fue un inicio emocionante, como lo fue en el GINATA. Este tema es granito puro y funcionó muy bien para el arranque. Este dio paso a  «Oh Yeah!» de su último álbum, que también sonó redondo, Tras éste llegó El hímnico “El Legado”.

DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid

Tras saludar al público y dar las gracias efusivamente, llegó otro “pelotazo” como es “Vuela” y la sala se puso en su máxima ebullición, para dar paso a “Fenix», que fue el primer adelanto de  “Érase” y “Momento Mori” el tema que dio nombre al disco del mismo título, con algunos guiños musicales a IRON MAIDEN.

DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid

Haciendo un pequeño impás, tocaron  “Hilo Rojo, de “Érase” con gran  sonoridad  y un aire romántico Su título alude a la leyenda del “Hilo rojo” del destino, dentro de una caja sonora más melódica  y unas  guitarras  sensacionales y más suaves, y un Carlos soberbio en el estribillo. ¡¡¡Temazo!!! Que dio paso a los trallazos “Fiel a mi libertad”, brutal, y “Unidos” donde todos cantamos “unidos” por el heavy metal, como dijo en su enunciado el propio Tony.

DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid

La balada “Silencio”, otra majestuosa canción de “Érase” sonó con un gran trabajo sincronizado de voces.  Siguieron con “1000 Golpes” , bestial, con gran potencia y dieron paso a “Hechizo”  del álbum “Pandemonium”.

DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid

Tony anunció que para el grupo era un momento especial tocar “Pandora” y asi fue. ¡¡¡ Power metal de primera, del bueno!!! El corte de “Érase” sonó muy bien, redondo, 100% DÜNEDAIN, con un trabajo de guitarras muy logrado, una melodía muy pegadiza, y un estribillo que recuerda a un anterior tema de la banda. Los solos de guitarras son vertiginosos y matadores. La parte de la voz más melódica tuvo  cierto aire a los mejores y melódicos MAGO DE OZ.

DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid

A continuación atacaron con el tema “Érase”, y después “Una Razón”, recordando “Buscando el Norte”  y “La misma canción”, uno de los himnos de su nuevo trabajo.

DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid
DÜNEDAIN - Sala Copérnico - Madrid

“Tu Sueño”,  extraído de su LP «Pandemonium» de 2016, el clásico y percutor “Por los siglos de los siglos” y el gran “Corazón de Invierno” cerraron el concierto, un concierto colosal, con llenazo total. Es claro que DÜNEDAIN están en su momento pletórico.

Texto: Rafa Basa

Fotos: Manu Arcas

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9 COMENTARIOS

  1. El concierto estuvo bien, sonido mejorable imagino por la sala tan pequeña con una batería tan potente que se oye «físicamente» y también por los altavoces.

    Lo que sí se me hizo muy corto, a los 90 mins de reloj ya se estaban despidiendo. Y luego tocaron un poco más para llegar a la 1h y 45 mins. Para un grupo con tanto recorrido ya, me parece que perdieron una oportunidad de poder hacer algo más largo para enganchar a más público.

    A todos nos cuesta ir a Madrid a un concierto, más las cervezas a 6€ de la sala, imagino que a ellos los que más gastos tienen en desplazamiento y alquiler de sala. Esperaba que por ser Madrid, y llevar tanto tiempo sin estar por la capital, harían un show con más temas que los que venían haciendo, pero no fue así. No sé si sería por horarios de la sala, que tenían que acabar antes de las 23h, pero para mi gusto me supo a poco, sin teloneros y 1h 45mins de concierto.

  2. 4 meses esperando desde que los Reyes Magos me dejaron por sorpresas las entradas en las pasadas navidades, y voy y me pillo una infección en los 2 oidos que me ha dejado practicamente sordo durante casi un mes aunque he ido recuperando parte de la audición en estos últimos días.
    Con esta premisa, iba al concierto un poco cabreado por la situación, pero a pesar de la sensación de tener tapones en los oidos, el concierto fue una fiesta desde la primera cancíon a la última.
    Por razones obvias no puedo valorar la calidad del sonido, pero la sala se convirtió en un karaoke contínuo y el buen rollo que destila la banda hizo que las 2 horas de trallazo tras tallazo sin descanso, se pasaran demasiado rápido.
    Creo que hay pocas bandas que destilen tanta energía positiva, y la labor de Carlitos (a quien conozco desde los tiempos que empezaban con Melqart), sin parar de animar al público constantemente, me hace pensar de nuevo que es probablemente el cantante más infravalorado del pais, no solo por como canta sino por el trabajo que hace en el escenario sin parar ni un segundo quieto (igual que Alberto, quien demuestra por qué en los Iron What ejerce de Janick Gers).
    Quizás porque en Dunedain el protagonismo lo acapara Tony, y siempre han sido una banda que en estos más de 20 años de labrarse una carrera a pico y pala sin más respaldo que el de su trabajo, han vivido de su música, y no de polémicas, movidas y giros comerciales absurdos como otros compañeros de gremio, cosa que es de agradecer en un mundillo donde últimamente el salseo hace más ruido que cualquier otra cosa.
    Así que a mis casi 50 tacos, y tras un sinfin de conciertos, reconozco que ayer disfruté del concierto como si hubiera vuelto a tener 15 años y estuviera asistiendo a mi primer bolo en una sala, y aunque en la tercera canción ya me había quedado sin voz de berrear (así que salí medio sordo y medio mudo), me lo pasé de puta madre desde el principio hasta el final.
    Aunque el sabor agridulce me lo deja el sentir lo triste de que una ciudad como Madrid apenas sea capaz de juntar a 400 personas (con una media de edad de 40 para arriba y sin un solo espectador menor de 20 a la vista) para disfrutar de una noche de heavy metal como la del sábado, espero que Dünedain consigan finalmente el reconocimiento que se merecen, sobre todo porque el nivel que ofrecen en directo está muy por encima del de otras bandas consagradas y jamás defraudan en cuanto a espectáculo y profresionalidad.
    Gracias a Tony, Carlos, Mariano, Alberto y Miguel por una noche en la que un par de entradas de regalo se transformaron en un momento mágico.

    • Fue un gran concierto y como comentais varios y yo digo en mi crónica, DUNEDAIN merecen mucho más. Sin duda disfrutamos de un gran concierto.
      Permíteme dos puntualizaciones: El aforo de la Sala Copérnico roza las 800 personas, y estaba casi llena. Y sí, había bastante gente de menos de 20 años, yo hable con varios chavales e incluso había niños con sus papás, con camisetas heavies. Afortunadamente, no solo los «veteranos» vamos a los conciertos.
      Salud y metal
      Rafa Basa

      • No sé dónde había leído que el aforo eran 400 personas, pero si había 800 me alegro (ojalá hubiéramos sido 8000 petando el Wizink, porque así habría sido hace unas décadas), sobre todo porque Dünedain es un grupo que vive de los conciertos, es decir, de las entradas y del merchandising (yo me llevé un vinilo de recuerdo… aunque me quedé con ganas de que me lo firmaran, pero ya era tarde, Tony no salía y nos tuvimos que ir).

        No obstante, discutir si eran 400 u 800 (igual que si había 10 chavales jóvenes o 20, los niños pequeños no cuentan porque van de la mano de sus padres) me resulta una disquisición tan inerme como la de las liebres de la fábula de Esopo discutiendo si son galgos o si son podencos.

        Yo estaba viendo el concierto desde la balconada a mano derecha, y tú estuviste enfrente durante un rato, saludando a algún forero de por aquí supongo, así que vimos la misma sala.

        Y para mí el problema del relevo generacional es obvio, tan obvio como que negarlo y pretender que «había mucha gente joven» en realidad no cambia el hecho de que la edad media era muy elevada (yo tengo 48 y me sentí bastante juvenil).

        La primera vez que yo vi a Barón Rojo fue en el 97, si no recuerdo mal. Era un grupo que llevaba 17 años en activo, y ya nos parecían extremadamente consagrados, gente que había triunfado, que nos habían legado sus mejores discos hasta alcanzar la inmortalidad del olimpo heavy, y no necesitaba demostrar nada a nadie (es solo un ejemplo entre otros muchos grupos de aquella generación).

        Dünedain empezaron en 2004 con aquella primera demo, así que llevan más de 20 años (si nos ceñimos a la fecha exacta en que montaron el grupo, serían ya 30 años, desde 1996) y parece que todavía son una promesa que tiene que demostrar algo. Y creo que eso se debe a que llegaron a la escena en un momento muy complicado, y la mayor parte de su público somos de su generación o mayores. Nosotros con 13 o 14 años, acabando la EGB, flipábamos con Barón, Obús, Muro, Ñu, Ángeles del Infierno o Sangre Azul (que eran grupos de la generación anterior) al mismo tiempo que disfrutábamos de los nuevos grupos que surgían en aquel momento. Teníamos un referente maravilloso, pero también compartíamos la música del presente, y no vivíamos de la nostalgia.

        Y por eso, más allá de si eran 400 u 800 personas, o de si había más o menos chavales entre el público, la sensación es la misma: que algo se ha roto por el camino en estas décadas.

        Hubo un tiempo en que aquellas bandas de los 80 construyeron una escena en apenas una década, a base de carretera, salas llenas y un público joven que empujaba desde abajo en cada ciudad y en cada pueblo. Después llegó otra generación (la mía) que, con mayor o menor fortuna, logró mantener ese pulso del relevo.

        Pero algo cambió. Los festivales sustituyeron a las salas, el riesgo desapareció, la nostalgia, por llamarlo de alguna forma se hizo la dueña del cotarro, y el relevo dejó de producirse.

        Por eso resulta tan difícil de asumir que una banda como Dünedain, con más de veinte años de trayectoria, y con una discografía que para mi es impecable (porque pocos grupos hay con tantos años sobre el escenario que puedan defender en sus directos su último trabajo con el mismo nivel que sus temas «clásicos») siga siendo tratada como una promesa pendiente de explotar.

        No es una cuestión de talento ni de trabajo (porque de eso los 5 integrantes de Dünedain van sobrados), sino de un ecosistema que ya no permite crecer y desarrollarse como antes.

        Y quizá el problema no sea que no haya gente, o que los conciertos funcionen mejor o peor en una noche concreta, sino que llevamos demasiado tiempo conformándonos con que funcionen “lo suficiente”, sobre todo cuando los grupos centran todo su esfuerzo en un único evento en la capital del pais porque enfrentarse a las salas es un infierno de problemas, palmar pasta y cancelaciones.

        Y digo todo esto no como una crítica a nadie en concreto, ni a los medios, ni a los propios grupos, ni siquiera al público, por supuesto. Al final, todos formamos parte de lo mismo y todos amamos este rollo con locura.

        Es más bien un lamento, una sensación difícil de quitarse de encima para los que vivimos aquella época pretérita en que la música era el centro de todo, y vemos lo que hay ahora, cuando acudes a un concierto, y esperando en la cola, tienes la sensación de estar viviendo una recreación histórica.

        Porque cuando uno sale de un concierto con la sensación de haber vuelto a tener 15 años, pero mira alrededor y ve que casi nadie más los tiene, lo que queda no es solo nostalgia. Es la certeza de que algo que fue irrepetible, probablemente no vuelva a suceder. Y en eso, por supuesto, espero estar completamente equivocado y que la visión esperanzadora de Rafa me quite cuanto antes la razón.

  3. Estos chavales se merecen mucho mas reconocimiento, no pude ir a este, pero los he visto como 10 veces y nunca fallan, no paran de girar, de sacar discos, de luchar, y además casi todo son buenos temas. Serian el relevo natural de los warcry, avalanch y mago si hubieramos cuidado la escena. Aun asi, ojala duren muchos años mas.

  4. Que este grupazo siga tocando el estas salas… Tiene delito. Y que a las 23 tengas que abandonar la sala porque es discoteca de traca. Dicho lo cual, el mejor concierto que puedes ver hoy en día, bestiales

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