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Domingo 28 de Noviembre de 2010 – Sala Ritmo y Compás – Madrid
Es increíble el noviembre de buen rock en directo que hemos tenido en Madrid, y como broche de oro, y a modo de concierto diferente y especial, aparecía subrayado el último domingo del mes. Y la verdad es que había muchas ganas de disfrutar de nuevo de los sureños MOLLY HATCHET (sí, los de las guapísimas portadas vikingas), tras la gratísima experiencia del Azkena en el 2009 y que no tengo claro si habían llegado a venir alguna vez en solitario a nuestro país. Con estas premisas, esperaba mayor expectación previa pero, aunque a la mayoría la sala Ritmo&Compás se nos antojaba bastante pequeña para el concierto de una banda tan legendaria, al final resultó ser el escenario perfecto para el gran show que desde las 22:30 nos ofrecieron los de Jacksonville, Florida.
Por otro lado, quizás sea exagerar, pero tenía su punto imaginarse que estábamos en un rudo garito del sur de Estados Unidos, rodeados de «vaqueros», bebiendo bourbon añejo y viendo a una banda sin duda estandarte de la América Profunda pero a la vez posiblemente la más cercana de sus coetáneos al hard rock y al heavy metal. Además, no estábamos ahí para juzgar las creencias, el estilo de vida o lo que hacen en su tiempo libre (que además no lo sabemos y lo que comentábamos en corrillos no dejan de ser presunciones e incluso quizás prejuicios con más o menos base) sino para disfrutar de un concierto con mayúsculas, un espectáculo sencillo pero totalmente directo, de hora y media de exquisito hard rock sureño pero con toda la clase, elegancia y experiencia del mundo. Y es que, pese a que sólo queda el orondo Dave Hlubek de la formación original (y no siempre ha permanecido en el grupo), es un verdadero lujo tener el honor y el placer de disfrutar de tamaña formación en directo, y como tal nos lo demostraron de principio a fin del concierto.
Fue curioso porque en otras ocasiones con hora y media de concierto y sin teloneros echamos pestes, casi siempre con razón, pero en noches puntuales resulta que la banda de turno te deja totalmente satisfecho habiendo ofrecido un show redondo que no necesita más (aunque un par de temas extras se hubieran agradecido, una cosa no quita la otra), y como tal no puedes más que aplaudirles y darles las gracias por ofrecernos en ese tiempo un concierto soberbio, de menos a más, vale, pero aún así con una nota definitiva de sobresaliente sin duda. Y es que al final sigo manteniendo, y lo defenderé siempre, que los viejos dinosaurios del rock, los verdaderos constructores de esto tan bonito que es el rock y el heavy metal, nunca fallan.
Metiéndonos en el comentario del show en sí, desde hace años es el rubio/canoso Bobby Ingram (bonita melena con solera, por cierto) quién manda en el grupo, y como tal fue quién de alguna manera ostentó el papel protagonista en todo momento… pero a tenor de lo visto, lo merece, porque es un guitarrista increíble, de los de vieja escuela, de esos que no se pierden en virguerías por el mástil pero que te hacen llorar o reír con cada nota. Además, se le notó un tanto tenso al principio (quizás porque es duro el tener que presentarse en una sala tan pequeña para alguien que ha tocado en estadios y que aún siguen teniendo buenas audiencias y nombre tanto en Estados Unidos como en festivales europeos), pero pronto se fue soltando y fue hasta bonito verle sonriendo sin parar, bromeando con la banda y con nosotros, y ofreciéndonos los sólos en primera línea mientras hacía aullar a su guitarra (primero una Les Paul clásica y finalmente una Explorer bien guapa y más metalera, si se puede nombrar así en un concierto de MOLLY HATCHET). Por otro lado, como digo la banda es impresionante, destacando para mí a un teclista que en la sombra es importantísimo en el sonido del grupo, y es que la marchita y rollo que le daba John Galvin a todos los temas era evidente.
A nivel visual, imposible no nombrar al batería Shawn Beamer, más joven pero que le pegaba con una rabia y potencia brutal… y además se gustaba, y mucho, es guapo y lo sabe, y era divertido verle hacer poses continuas (y más durante su sólo) entre modelo de anuncio de champú y batería de banda de guaperas hardroqueros de los 80. Y a nivel entrañable, por supuesto que el bajista Tim Lindsey (quien también tocó con LYNYRD SKYNYRD, por cierto) se lleva la palma, en segundo plano pero disfrutando como nadie de su instrumento y de la noche de concierto, agitando con el ritmo su melena ya totalmente blanca y supurando rock n´roll por todos los poros desde el lado derecho del escenario junto a Hlubek, que permaneció mucho más estático pero sin parar de disparar riffs y apuntalar el sonido rítmico y guitarrero de la banda que él mismo creó.
Y no me olvido del cantante Phil McCormack, grande, desgarbado, rudo y áspero a más no poder, lo más alejado a una estrella del rock al uso y con una voz propia de dueño tenebroso de motel de película de serie C, pero pese a todo tremendamente simpático a su manera y buen frontman. Al igual que a Bobby, le costó un poco entrar en ambiente, y es que su deje sureño totalmente cerrado era difícil de entender para nosotros, los pobres madrileños de inglés algo justo que preferimos los acentos del norte de Europa, mucho más claritos, jeje. Pero poco a poco se fue soltando, sintiéndose cómodo, haciendo bromas continuas (¡comprar las camisetas del merchandising!) y teniendo momentos vocales de mucho mérito (y es que es curioso como una voz tan rasposa y aguardentosa puede tener ese feeling y rollo, ¿verdad?, pero sí que lo tiene… y en Madrid cantó, en su rollo, realmente bien). E incluso se tomó la molestia de contar sobre el escenario con dos seguidores y amigos de Barcelona que le hicieron de traductor en un par de momentos del concierto.
Por cierto, decir que todo el concierto contó con un sonido excelente, y al igual que cuando no es así lo decimos, por supuesto hay que aplaudir a los técnicos y a la propia banda porque esta vez lo bordaron al respecto. Comentar también que la sala finalmente presentó un lleno casi absoluto, lo que le dio una calidez al concierto importante, y es que se notaba el cariño que había entre los asistentes (que casi ninguno bajaba de los 30, las cosas como son) por ver por fin a una de las bandas estandartes del género, y además que demostraran tan buena forma. A nivel de set list, decir que el concierto fue breve y que además hubo una presencia significativa de temas de su último trabajo, un gran «Justice», del que encima tocaron los dos temas más largos que tiene, una gran «I´m gonna live until I die» (que fue de lo mejor de la noche, ¡uff que temazo!) y la propia «Justice», que ambas sobrepasan los 8 minutos de duración pero que fueron verdaderas demostraciones de cómo tocar este tipo de canciones en directo. Además, si no recuerdo mal (que lo estoy citando de cabeza), creo que nos ofrecieron también «American pride» y el tema que abre el álbum «Been to heaven been to hell», que ya digo que no desentonaron en absoluto con su clásicos…
De todos modos, tocando hora y media y presentando bastante material nuevo (lo que les honra sin duda), está claro que quedó menos espacio quizás de lo esperado para los temas más conocidos de su no tan amplia discografía pese a todo. Pero aún así no faltaron cortesimprescindibles del género como la movida «Whisky man» para comenzar, la caña de «Beating the odds» o el rollo de «Sons of the south», que puso a bailar al más pintado. Para cerrar, era inevitable el recuerdo a algunos de los ilustres muertos del rock, y dedicaron la imprescindible «Free bird» de LYNYRD SKYNYRD a la memoria de Ronnie James Dio además de a Billy Powell y Danny Joe Brown (leyendas del rock sureño recientemente fallecidos), para poner punto y final con la esperada «Flirtin´with disaster» que hizo dar carpetazo entre merecidos aplausos a un gran concierto.
Estarán mayores, algo pasados de peso y serán representantes de una Norteamérica conservadora y profunda, que realmente no entendemos demasiado en Europa, pero evidentemente después de un concierto como éste no podemos más que tirar el sombrero y disparar de satisfacción nuestros revólveres al aire (si me permitís el guiño). Y al final lo que prevalece en el recuerdo son las canciones, la interpretación de las mismas, las sonrisas cómplices y esa clase, mucha clase que muestran los grandes ya sea en enormes estadios o en íntimos locales reducidos. Conciertazo.
Texto: David Esquitino (david_esquitino@rafabasa.com)
Fotos: Juan Ramon Felipe Mateo (www.musifota.com) (Correspondientes al concierto de Vitoria)
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