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Viernes 13 de 0ctubre de 2006 – Sala Copérnico – Madrid
Viernes, en medio del primer puente tras el verano y coincidiendo con la descarga de METALIUM, no parecía muy propicio para que la asistencia a la Sala Copérnico a ver un concierto fuera a ser masiva. En el cartel un clásico. Tanto por las veces que se ha dejado caer por la capital, como por lo que su nombre significa. Escuchar PAUL DIANNO es rememorar dos de los discos capitales del Heavy Metal: "IRON MAIDEN", con su frescura que marcaría el inicio del un tiempo nuevo y "Killers" significa para muchas personas uno de los mejores trabajos de los ingleses. PAUL DIANNO, el inconformista punkarra que acabó saliendo de la banda cuando MAIDEN se encaminaban a convertirse en lo más grande. El vocalista claro y limpio que inauguró una senda que muchos grupos seguirían después (acompañado de un grupo que se convertiría en un mito, por supuesto). El frontman caído en desgracia y que pugna por volver, tratando de alejarse de su propia leyenda negra, pero sin llegar a hacerlo, viviendo de un recuerdo que para muchos (tal vez cada día para menos) supone la época más fresca y limpia de IRON MAIDEN.
Día poco propicio, y que unido a la apatía que últimamente parece producirse en cuanto a la asistencia a conciertos en Madrid, hizo que los que nos acercásemos a la sala madrileña fuéramos una pequeña familia, la mayoría conocidos, y, a pesar de que yo suelo contar bastante mal, no creo que superásemos las 100 personas. Flojo balance ya desde el inicio, que marcaba a los cordobeses TRILOGY como teloneros de un concierto difícil, demasiado frío.
Tiene que ser durísimo enfrentarte a una sala prácticamente vacía, a una pista en la que no hay ni una sola persona, y en la que parece que hasta los pocos fotógrafos asistentes cumplen con su trabajo de forma rápida y con poca motivación. Tiene que se complicado pero TRILOGY salió del paso con una honradez encomiable. Los chicos lejos de enfriarse hicieron una descarga de Heavy Metal clásico que sorprendió a los pocos que allí estábamos. Prometedor grupo con excelentes maneras, mostraron su predilección por el Metal más ochentero con reminiscencias que podrán ir desde DIO hasta los ANGELES DEL INFIERNO.
Su cantante, "Loki" Juárez, fue el encargado de intentar levantar a la mínima asistencia, y asumiendo tener a tan sólo 4 personas frente a ellos no paró un momento de actuar como si la asistencia fuera masiva. Buenas maneras y poderosísima voz, perfectamente acompañada por el resto de miembros de la banda. Especialmente impactante resultó la forma de tocar de José Rubio, guitarrista que nos sorprendió de forma enormemente grata, sin desmerecer a Esteban Garrido, excelente también en las seis cuerdas.
Desgranaron su último single, con temas como "Viejo Caminante" o "Rey de reyes" que marcan un camino que tal vez no acabe de enganchar a las generaciones más jóvenes, pero que a los que disfrutamos con el metal que se hacía años atrás, perfectamente actualizado, nos llegó, y mucho. "Vive, sangra o muere" o una más que correcta versión del "Black wind, Fire and Steel" de Manowar sirvieron para que consiguieran ganarnos para su causa. Aun sin disco grande en el mercado, pero con unas ganas enormes y unos temas sobresalientes, ojala tengan mucha suerte y graben pronto. Sin duda un gran grupo.
Llegaba el momento de ver al viejo Paul. Asistentes a su concierto del pasado año avisaban de que los músicos que le acompañan tienen calidad para dar y tomar, aunque también de que su imagen no es la más cercana a la de un cantante de Metal. En cualquier caso tampoco fue algo que le preocupara en exceso en sus días de MAIDEN. Y sonando "Ides of March" el centenar de personas que estábamos en la sala comenzamos a mover la cabeza. Hubo un momento mágico en el que parecía que metidos en la máquina del tiempo nos desplazábamos hasta 1981, en un pequeño garito en el que las melenas se agitaban al ritmo de unos melenudos que hacían algo diferente, algo que lo cambiaría todo.
Los acordes de "Prowler" nos hicieron abrir los ojos y allí estaba el que otrora marcara un terreno. Abandonado, grueso, rapado, cosido a tatuajes, lejanamente reconocible en una voz que no es la que esperábamos oír. Agresivo, provocador, y no exento de un aire extrañamente "alegre", el Dianno que algunos esperábamos ver, los que hasta ahora no habíamos disfrutado de sus directos, demostraba que su vuelta a las tablas tiene mucho de lucha consigo mismo. De demostración que en un circuito de clubs puede salir, gritar, "alegrarse" y finalmente desaparecer casi sin despedirse.
"Wratchild", "Murders in the rue Morgue" o "Remember tomorrow" sonaron practicamente a continuación. Dianno no esconde que pese a no cantar como lo hacía, pese a haber arrancado una titubeante carrera, que aun así le permitió grabar auténticos temazos, el público está ahí para escuchar a Iron Maiden. Y lo intentó, pero según iban pasando los minutos una garganta castigada hasta el límite iba convirtiendo míticos himnos en extrañas versiones punk. Ecos y más ecos. Y gritos y más gritos. Sin llegar a resultar paródico, realmente la situación acabó por tener un punto de surrealismo interesante. Aforo escasísimo. Versiones muy libres, musicalmente tocadas con una perfección magistral, pero destrozadas a conciencia por su propio creador. Un "No Future" inesperado y demasiado decadente.
No faltaron tampoco temas como "The beast Arises" o "Impaler", temas que nada tienen que ver con lo que Dianno trata de vender, pero mucho más acordes a la música en la que disfruta. Espejismo en cualquier caso. "Killers", "Phantom of the opera", o "Running Free" nos hicieron mover la cabeza en un sueño imposible de una voz limpia, sin la berrea implacable que azuzaba todas las canciones.
Menos de hora y veinte después del inicio de su actuación, y casi sin resuello, Paul tenía que dar por liquidado el concierto. No podía más. Literalmente fundido, la banda se arrancó con una académica versión de "Transylvania" en el epílogo de un concierto que mezclaba el "Blitzkrieg Bop" ramoniano con un "Sanctuary" aceleradísmo. Sin duda emocionado por haber movido los pelos de los asistentes, se retiraba con la promesa de volver pronto. Tal vez a dar un recital más centrado en temas de IRON MAIDEN. Y mientras nos dirigíamos a Argüelles, en cuyos bares metálicos cientos de personas estaban ajenas a lo que había sucedido, me preguntaba: ¿existirá la jubilación en el Rock & Roll?
Texto: Fernando Checa
Fotos: Fernando Checa y David Esquitino
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