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Crónica y fotos de ROSE TATTOO + THE WILD! en Madrid

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ROCK THE NIGHT FESTIVAL

PACO VENTURA - Madre Tierra

 

ROSE TATTOO

+ THE WILD!

Miércoles 7 de Agosto de 2019 – Sala Mon – Madrid

El hard rock australiano llega de nuevo a Madrid, y no de la mano de AC/DC (aunque casi por época), ni de AIRBOURNE… ROSE TATTOO están de vuelta en nuestro país tras más de diez años sin pasar por la capital, y la sala Mon sería testigo de este esperado retorno. La banda de Angry Anderson llega acompañada de THE WILD!, banda canadiense del mismo género.

La sala para nuestra sorpresa mostraba un color bastante bueno, tratándose de un miércoles siete de agosto en Madrid, aunque sí que es cierto que la sala estaba cubierta en la parte de la barra principal por un telón, ya que la entrada era buena dadas las circunstancias, pero no es la Mon de las grandes noches con hasta la balconada a reventar. Aun así, noche de disfrute en la capital desde el inicio.

Y es que los primeros en salir, THE WILD! llegaron desde Canadá con la intención de hacernos movernos de lo lindo. Rock and roll de calidad con puntos muy hardrockeros, en los que la banda, sobre todo su vocalista y guitarrista Dylan Villain y su guitarra solista The Kid no paraban de moverse y saltar y brincar por los pocos metros de escenario que disfrutaban, haciéndolo enorme con su gran sonido y su buen show. Cortes como “Livin’ Free” o “Ready To Roll” son una muestra de un rock agresivo que por momentos nos recordaba incluso a bandas como The Treatment o Airbourne, o la gran “Road House”. Nos sorprendían además con coreografías al más puro estilo country en sus pasos más básicos (esos pasos que Coyote Dax nos enseñaba hace casi veinte años), y de verdad con hambre y ganas de agradar a un público que se llevó un sabor de boca fantástico con estos chicos canadienses. Nos supo a poco y hay que decir que pusieron las cosas muy difíciles a ROSE TATTOO.

Momento ahora de disfrutar de una leyenda del rock and roll y hard rock como ROSE TATTOO. La banda comandada por el inconfundible Angry Anderson muestra frescura y experiencia a partes iguales, y es que la formación es totalmente nueva desde 2017 en adelante, pero tenemos a Mark Evans al bajo (bajista de AC/DC en sus años dorados), Dai Pritchard (el más veterano en el grupo tras Angry) y Bob Spencer a las guitarras (experimentados guitarristas), y Jackie Barnes a la batería. Con esta formación aparecían a eso de las nueve y cuarto para sacudirnos con un set cargado de clásicos de la banda aussie.

Inicio mágico con “Bad Boy for Love” y “Scarred for Life”, esta segunda un clásico de los que no se pueden dejar en el tintero, con un público ahora sí muy notable (con algunos casos como siempre demasiado alterados que tuvieron que ser reprochados por el tour manager del grupo de forma muy vehemente por ambas partes), y con un sonido bastante bueno durante toda la noche. La banda estuvo muy profesional desde el inicio, pero demasiado fría en ciertos momentos, algo que nos desenganchaba en algunos instantes del concierto.

Las hostilidades continuaban con “One of the Boys” y “Assault & Battery”, que nos lleva a un sonido más Status Quo sin descanso, para enlazar con “Juice On The Loose”, una de las novedades en el set respecto al resto de ciudades previas, una joya para el público madrileño. “Tramp” no es el presidente de Estados Unidos, sino otro de los cortes más agresivos y de rock and roll más puro de los clásicos ROSE TATTOO, para sorprendernos con las primeras notas de “Rock ‘n’ Roll Outlaw” y ahora sí, conectar al cien por cien con parte del público, un poco desenganchado por momentos, siempre atentos porque ROSE TATTOO no nos dio respiro en ningún momento, pero frío para ser un público tan caliente como el de nuestro país, ¡qué temazo!

“The Butcher and Fast Eddy” es el “The Jack” de AC/DC ese rythm & blues marcado, mientras Angry en este caso recita una historia, marca Australia cien por cien. Con Angry y su característico mono de trabajo serigrafiado con su nombre, llegaba ahora “Once in a Lifetime” con protagonismo para el slide de Dai en un riff maravilloso, aunque tengo que decir que estos ROSE TATTOO han bajado el pistón un poco en directo y en canciones que deberían ser tan efectivos como en esta, pasó bastante desapercibida, como habría pasado con “Rock ‘n’ Roll Is King”, otra maravilla clásica que Angry animaba pidiendo palmas y chocando su puño con sus fans de primera fila, algo que transmite una cercanía que no era tal por parte del resto de la banda salvo por parte de Dai, también bastante comunicativo.

Tiempo para otra veloz y gamberra “Sweet Love”, rock and roll en mayúsculas haciendo estragos en el público que despertaba y respondía a este sonido sin concesiones de los australianos. Volvemos a su álbum “Blood Brothers” con otra pegadiza como “1854”, continuando con “Snow Queen” y ese sonido más setentero que hace que se te mueva el cuerpo solo al ritmo de ese riff juguetón. Nos acercábamos al final y lo hacíamos al ritmo de dos de los grandes hits del combo, empezando por un enérgico “We Can’t Be Beaten” coreado por todo el respetable en su poderoso estribillo, y un exitazo como “Nice Boys (Don’t Play r’n’r)” que para nada pasó desapercibida creando la mayor fiesta de la noche, es una pena que el público entrase en el penúltimo capítulo de lleno en el concierto.

Tras una falsa y breve despedida, ROSE TATTOO regresaban al escenario con “Astra Wally”, otro tema cañero para continuar con una fiesta que se acababa en ese momento, con una despedida de nuevo un tanto fría del público, quedándonos con la sensación de que la fiesta de verdad empezaba demasiado tarde y nos quedábamos con ganas de más, una verdadera pena, pero ROSE TATTOO nos hizo disfrutar con su música de lo lindo. Luces y sombras en un show al que el público respondió y asistió a pesar de ser época vacacional, un miércoles y demás, algo que hay que agradecer a los valientes que se presentaron en la sala, pero que no supo devolver en cierto modo una banda que se mostró un tanto fría, lejana, y que no cumplió con lo que muchos esperábamos que fuese una verdadera fiesta.

No es cuestión de edad, no fue cuestión de sonido en este caso, puede que sí de ritmo (evidentemente los años no pasan en balde), pero es uno de esos casos en los que la profesionalidad se come a la actitud y el hambre por parte de algunos de los músicos. Angry fue evidentemente el más entregado, y aunque vocalmente tuvo sus momentos complicados, supo solventarlo siendo comunicativo y creando un feedback con el público, aunque no fue todo lo constante que debería. Demasiados altibajos cuando esperábamos una verdadera fiesta de rock, aunque podemos decir que disfrutamos de Angry y los suyos, y por supuesto de un legado musical importante a la par de infravalorado.

Texto y fotos: Óscar Gil Escobar

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