Inicio Conciertos Crónica y fotos de BLACK LABEL SOCIETY + MONOLORD en Vitoria-Gasteiz

Crónica y fotos de BLACK LABEL SOCIETY + MONOLORD en Vitoria-Gasteiz

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BLACK LABEL SOCIETY

+ MONOLORD

Sábado 10 de Marzo de 2018 – Sala Jimmy Jazz – Vitoria-Gasteiz

En 2016 Zakk Wylde pasó por nuestros escenarios en una gira en solitario que a muchos de los seguidores más macarras del artista americano dejaba con ganas de disfrutar de su lado más salvaje. Aquella fue una gira donde el virtuoso guitarrista de New Jersey mostró su lado más intimista, acompañado por los mismos músicos de BLACK LABEL SOCIETY, pero enfocándose a ese otro plano paralelo de su carrera. Los que entonces se quedaron con ganas de más decibelios y distorsión esta noche tenían una cita, esta vez sí con los explosivos BLACK LABEL SOCIETY, en una Jimmy Jazz llena hasta la bandera en esta gira Route Resurrection.

Hicieron las veces de teloneros los suecos MONOLORD, una banda con tres discos editados practicante de un doom metal de carácter setentero que se pudo hacer algo denso para una parte de los presentes. Esto como todo va para gustos. No sonaron mal y su estilo lo tienen bien definido, igualmente son buenos músicos que con una formación de trío son capaces de rugir desde las profundidades del averno, pero su orientación hacia los terrenos más densos de una manera tan lineal se pudo hacer un poco monótona incluso en tan solo cuatro temas, lo que tuvieron tiempo a desplegar en la sala Jimmy Jazz.

El final “Empress Rising”, homónimo de su primera obra de 2014, prácticamente les llevó la mitad de su descarga de apenas media hora de duración. Antes de ese tema con el que cerraron, la banda se decantó por dos canciones integrantes de su nueva obra “Rust”, como fueron el homónimo tema y el inicial “Where Death Meets The Sea”, dejando representación de su segundo disco “Vaenir” con “We Will Burn”.

Vamos que en el poco tiempo del que dispusieron para una música tan pantanosa consiguieron dejar buena cuenta de lo que ha sido su carrera discográfica hasta la fecha. Luego ya es algo subjetivo lo que llamara la atención a la concurrencia su apuesta por unos sonidos que guardan en común con BLACK LABEL SOCIETY su crudeza, pero con una tendencia cadenciosa que aparentemente no enganchó de la misma manera a todos los seguidores presentes en la sala, donde la respuesta parecía dividida entre el reconocimiento de algunos al término de cada tema y la sensación de espera a emociones más fuertes de una mayoría.

Y hubo que esperar apretadamente algo más de lo previsto en una sala en la que no cabía ya un alfiler. Aproximadamente 15 minutos más tarde de la hora, comenzó a sonar una mezcla de lo más curiosa entre el “Who Lotta Love” de Led Zeppelin y el “War Pigs” de Black Sabbath. Finalmente el telón que cubrió el escenario durante los preparativos para BLACK LABEL SOCIETY se caía y aquello comenzaba de la manera más fuerte, con Zakk Wylde subido encima de una plataforma, liderando a una banda que le secunda excelentemente, y arremetiendo con “Genocide Junkies”. El guitarrista movía sus melenas da izquierda y derecha en un gesto característico que sirvió de saludo para unos seguidores que se engancharon rápidamente a este torrente de fuerza.

Las siguientes “Funeral Bell” y “Suffering Overdue” fueron enlazadas de tal manera que se convirtieron prácticamente en una sola pieza de arranque, con la banda en su actitud más agresiva, sonando como una apisonadora, y haciendo que aquello estallara de la manera más intensa, consiguiendo que la Jimmy Jazz se rindiera desde el inicio ante este héroe de la guitarra.

La cruz y las calaveras que hacían las veces de pie de micro ensalzaban tras de sí la figura de un Zakk Wylde enorme sobre las tablas, que no dejó de aprovechar el pequeño escenario del que disponía para ofrecernos a un lado y otro del micro sus riffs y sus solos de manera bien visible. Liderando como es evidente su banda, pero con un John De Servio en el bajo impresionante, Jeff Fabb potenciando los temas desde la batería y un Dario Lorina cuya labor en guitarra a la sombra del jefe no pasa desapercibida. Aparte de apoyar la labor guitarrera principal, y cubrirla cuando hace falta, en las pocas oportunidades que tuvo de brindarnos algún solo dejó constancia de su virtuosismo.

Había quedado claro de arranque que pese a estar presentando su nuevo “Grimmest Hits” la BLACK LABEL SOCIETY no iba a dejar de lado esos clásicos que harían las delicias de los incondicionales. Otro ejemplo, previo ya a un pequeño respiro tras el arreón inicial, sería un celebradísimo “Bleed For Me”, preludiando un tramo en el que la descarga cogería otra profundidad con “Heart Of Darkness”, con Zakk Wylde haciendo galas de diferentes guitarras para cada momento de la descarga. Un buen desfile para los apasionados de este instrumento el que pudimos ver en manos del guitarrista. Pero lo importante fue el buen trato que este hombre dio a las mismas y el talento que desprende para hacerlas brillar, alzándolas como un trofeo cada vez que tuvo oportunidad, ante la celebración de todo el personal.

Y es que además de saber tocar y de la imagen de rudo rockero que desprende este tío, sabe conectar con la concurrencia con pequeños detalles. Nunca me ha parecido un tipo excesivamente cálido con el personal, pero esta noche se le vio bastante más atento al público de lo que recuerdo en pasadas ocasiones. Por ejemplo  en un “Suicide Messiah” que dejó que el público rematara con un clamor que hizo temblar el recinto.

En “Trampled Down Below” vimos a Dario Lorina tocando la guitarra con el arco del violín, llegando a un tramo central del concierto con “All That Once Shined” donde el guitarrista, en todo momento bastante amable con todos sus compañeros y pipas, presentó a sus músicos.

Tras “Room Of Nightmares” estos tíos duros demostrarían que también tienen su corazoncito, con Lorina haciéndose cargo de los teclados en “Bridge To Cross”, haciendo lo mismo posteriormente el propio Zakk Wylde en “In This River” donde cantó y tocó las teclas. “The Blessed Hellride” haría que recuperáramos la energía de una manera progresiva con un tema semiacústico que sin embargo encendió bastante  a un público que cantó el estribillo arengado por un Wylde que se llevaría la mano a la oreja en cada estribillo, encontrando una atronadora respuesta en la olla a presión que era en esos momentos la Jimmy Jazz.

“A Love Unreal” nos recordaba que la banda tiene  nuevo disco, con canciones además de muy buen nivel, como esta que sirvió para levantar un poco más el vuelo hasta un “Fire It Up” que dejó la imagen que probablemente hoy más recuerden los seguidores.

A un Zakk Wylde desatado que no solo se conformó con brindar un extenso solo de guitarra entre el público, sino que se acabaría subiendo a la parte alta de la sala, hoy abierta ante la gran entrada cosechada, desde donde continuó con un solo de más de 10 minutos, con una ovación memorable cuando finalmente regresó al escenario sin dejar de mover las seis cuerdas. Se podría haber dado la vuela a toda Vitoria soleando si hubiera querido, haciendo el solo detrás de lo cabeza o con los dientes, como hizo a lo largo de estos minutos de pura fusión entre el hacha y su instrumento.

Ya no queda nada más que ver, fue la frase de admiración que escuché a mi lado al término de la interpretación de este tema, pero no era cuestión de privarnos de un excelente “Concrete Jungle”, donde precisamente el cable que le echó Dario Lorina doblando la guitara de Zakk Wylde fue de enmarcar, y ese final con “Stillborn” que fue el estallido definitivo por parte de una banda desatada y salvaje, como esperan y demandan sus seguidores.

No hubo espacio para hacer el paripé de marcharse y tocar unos bises, aquí todo había sido servido en crudo. Con los amplificadores aún temblando Zakk Wylde agradecería el calor del público santiguándose en el escenario, con saludo militar finalmente para despedirse a su manera de unos presentes que vibraron arrastrados sin remisión por una avalancha de fornido rock & roll.

Texto: Antonio Refoyo

Fotos: Juan Ramon Felipe Mateo – Juan_Ramon_Felipe@rafabasa.com

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