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Crónica y fotos del DYING FETUS, DISENTOMB, BEYOND CREATION y PSYCROPTIC en Barcelona

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Century Media - LIQUID TENSION EXPERIMENT
SMITH/KOTZEN
Century Media - BAEST - WITHERFALL - EYEHATEGOD

 

DYING FETUS

+ DISENTOMB + BEYOND CREATION + PSYCROPTIC

Martes 14 de Noviembre de 2017 – Sala Razzmatazz 2 – Barcelona

LA EMANCIPACIÓN DE LA BRUTALIDAD PURA

Sucedió hace justo dieciséis años. El mero hecho de que una gira en la que compartían cartel los aplasta cráneos norteamericanos DYING FETUS, los hiperespídicos quebequeses CRYPTOPSY y los incombustibles polacos VADER se acercara a una distancia prudencial de tu casa venía a ser, sin duda, un acontecimiento ineludible  en el siempre inextricable mundillo extremo. Por aquel entonces ya no existían dudas sobre la jerarquía que estas bandas ejercían como tampoco sobre su papel preeminente en el desarrollo futuro del estilo.  Y, sin embargo, lo que en el momento actual no dudaría en calificarse como el concierto del año, en cuanto a brutalidad musical se refiere, no llegó a congregar ni a 130 asistentes en una conocida sala barcelonesa. El promotor no daba crédito a lo que veían sus ojos. Muchos de los asistentes, pese a la extraña comodidad con la que pudimos contemplar tal evento, tampoco.

El Brutal Death, como subgénero del Death Metal, ha vivido durante lustros amarrado a un espíritu todavía más underground si cabe, desarrollando sus propias y perfectamente delimitadas señas de identidad. Reconocido por sus frecuentemente ilegibles logos, adicto al sonido grueso, a las doctrinas del blast-beat y el gorrineo, con algunos guiños a un poso hardcoriano -léase ‘breakdowns’-, sin olvidar tampoco su innata querencia por el arte del dominio instrumental, su evolución han seguido, sin duda, una línea de aceptación creciente, creando su propio nicho estilístico. Con el tiempo, el Brutal Death se ha emancipado y se ha ganado ya el derecho a reivindicarse como expresión autónoma por méritos propios, poseedora de discurso y código particulares, con sus bandas de referencia liderando, en muchos aspectos, la movida extrema.

No es, pues, ya ninguna utopía que un cartel conformado por bandas todas ellas identificadas esencialmente con esta etiqueta, halle un relevante y merecido eco entre los siempre volátiles gustos del público, también los del extremo. Razzmatazz 2, una sala con más de un millar de personas de capacidad, adaptó sus paredes elásticas para acoger y recluir en la familiaridad a los más de 300 asistentes. Una cifra que, visto los precedentes, no se puede considerar en absoluto desdeñable. Y este es, en cierto modo, un indicador significativo de lo que congregaciones  itinerantes, como la que en esta ocasión lidera el trío de Gallagher, son capaces de conseguir a través de la sublimación de la cara más brutal de la ya de por sí extremo Death Metal.

 

DISENTOMB

Arrancar poco antes de las siete y media un martes de noviembre en Barcelona no parece, justamente, la mejor opción para una banda que viaja des de las antípodas para presentar sus credenciales. Y en cambio, DISENTOMB, un cuarteto relativamente joven que cuenta solamente con un par de discos en el mercado, sorprendió a propios y extraños por su directo rotundo y su seriedad. Sonido excelente el de los australianos que, por alguna inexplicable razón, no consiguieron llegar a emular la mayor parte de bandas a las que precedieron. Su set discurrió, principalmente, por los derroteros de su último trabajo, ‘Misery’, del año 2014. En su inicio fulgurante cayeron temas como "Abominations Created Through Divinity". Tampoco se olvidaron de la contundente intro "The Genesis of Misery", cargada de ritmos pesados y dobles bombos, para dar paso a la fulgurante "An Edifice of Archbestial Impurity".

Sin duda, supieron sobreponerse a todos los condicionantes horarios y a la presumible frialdad de un público que, a medida que fluía hacia el interior de la sala quedaba automáticamente prendado del derroche de brutalidad de los australianos relegados, quizás injustamente, al cuarto y último puesto del cartel. Jordan James, frontman de los de Brisbane, es un tipo afable, cocedor del suelo que pisa  (hubo referencias y saludos a "Catalonia") y que sabe guardar el justo equilibrio entre los ‘speech’ introductorios y el superfluo exceso de tiempo de pausa entre los temas que, en no pocas ocasiones, rompe de forma insidiosa el ritmo global de la actuación.

Guitarras muy brutas y cortantes, con el añadido justo de algunos matices disonantes, ensalzadas por una solidísima y galopante base rítmica con un Henri Sison descamisado y enloquecido tras su batería. Temas como "Chthonic Gateways" y un corte del que será el nuevo álbum, previsto para el año próximo y que no desentonó en absoluto dentro de la línea general, acercaron su actuación a un final casi súbito e inesperado. "Vulturs Descend", de su último disco, culminó el trabajo meritorio de una banda que demostró saber sacar todo el partido posible a un tiempo excesivamente limitado.

 

BEYOND CREATION

Incluso dentro de subestilos tan aparentemente cerrados, como el Brutal Death, los matices existen y son ampliamente percibidos por su base de seguidores. Los quebequeses BEYOND CREATION constituían, hasta cierto punto, un verso suelto dentro del cartel. Su virtuosismo y su apuesta por el lado más técnico y progresivo, dentro del cual el concepto de brutalidad queda relativizado, les acerca más a un cruce bastardo entre Necrophagist, Obscura y Gorguts que a las propuestas de impacto más directo. Sin embargo, para nada eran unos desconocidos en los escenarios de la ciudad. Su primer y hasta ahora único paso fue tan sólo hace unos meses, a finales del pasado mayo, cuando se convirtieron en una de las atracciones del festival Knights of Metal. Ya entonces demostraron su convincente capacidad para ejecutar sonidos de una compleja brutalidad. Tampoco decepcionaron en esta ocasión.

Su set se centró, esencialmente, en temas de su segundo y último disco ‘Earthborn Evolution’, si bien decidieron tomar "Omnipresent Perception", de su primer trabajo ‘The Aura’ como punto de partida. Giros, variaciones y esquizoides cambios rítmicos en constante sucesión. Las fastuosas guitarras sin cabeza y de ocho cuerdas empleadas por Kevin Chartré y Simon Girard, también  cantante y frontman de la banda, escupían riffs de complejidad casi inalcanzable, rozando el onanismo musical. Breve pero rapidísima, "L’exorde", uno de los pocos temas que cantan en francés, adentró a los quebequeses hacia el terreno de la exploración en directo de cortes que forman su segundo y celebrado ‘Earthborn Evolution’.

La homónima "Earthborn Evolution" y "Neurotical Transmissions" siguieron la misma senda, con un Hugo Doyon-Karout que se dejó los dedos en su bajo. No era para menos: a diferencia de otros, dentro del estilo, el concurso de este instrumento en el caso de BEYOND CREATION va más allá de su función de amalgama rítmica, que también, pero con discurso propio y lleno de creatividad. Incontestablemente excelentes en el apartado de la ejecución, la respuesta del público, más allá de los incondicionales, no fue tan espontáneamente entusiasta como la manifestada ante el anterior trallazo de los australianos. "Una banda para músicos", razonaban algunos. "Aburridos", se lamentaban otros. Tras rescatar "The Aura", de su primer trabajo con el mismo título, los quebequeses se despidieron con la nueva "Fundamental Proces", un tema de casi ocho minutos repleto de una brillante alternancia entre solista sobre un fondo que cabalga mayormente sobre dobles bombos a medio tiempo.

 

PSYCROPTIC

El puente perfecto entre el exceso de virtuosismo de unos BEYOND CREATION y la brutalidad pura -aunque no exenta de un soberbio derroche técnico- de los DYING FETUS la podían constituir perfectamente los australianos PSYCROPTIC. Ciertamente, su último álbum homónimo no constituye un ejemplo remarcable de lo que el cuarteto de Tasmania puede ser capaz de ofrecer. Pero, con todo, su torrente de riffs pegadizos y los  recientes acercamientos puntuales a bases rítmicas propias del ‘core’, sin abandonar los cánones del estilo, ofrecía otra perspectiva para los que venían con ganas de dar rienda suelta a su cuerpo acudiendo  constantemente a los ‘circle pit’ que se lían en cada uno de estos eventos. Su inicio con ‘Echoes To Come’, el tema de apertura de su nuevo álbum, resultó algo frío. Más allá de la pertinencia en la elección, la banda tuvo  que transitar durante algunos minutos a la búsqueda de una maniobra de acoplamiento perfecto, que se plasmara en un sonido aquejado de falta de brillantez en los primeros momentos. 

De lo que ya casi no cabe duda, sin embargo, es de la capacidad de los hermanos Haley como dúo perfectamente compenetrado para la producción y ejecución de un sonido de alto octanaje, que empezó a finales de los 90. Su aproximación al Death Metal técnico de corte brutal, salpicado de elementos core y ritmos pegadizos, ha abierto la puerta hacia nuevos caminos dentro de un género regularmente saturado. Joe, es un auténtico mago del riff, capaz de sacar de sus mangas intricados a la vez que irresquebrajables acordes que se clavan en lo más profundo del subconsciente. La hoja de servicios Dave, por su parte, en la que además de PSYCROPTIC aparecen Abramelin, Ruins, The Amenta, Blood Duster o la nueva reencarnación de Pestilence, da cuenta de su talla como uno de los baterías más versátiles y rápidos en el mundillo.

Poco a poco, a base de tesón y oficio, los diablos tasmanianos lograron levantar a un público que supo valorar y responder a su pericia y entrega. Temas como "Carries of the Plague" o "Forward to Submission", primer y segundo corte, respectivamente, de su anterior trabajo ‘Inherited Repression’ contribuyeron a ello. Mejoró el sonido respecto a los primeros compases y las primeras filas empezaron a moverse como un mar enfurecido. "Euphorinasia", el tercer tema del mismo disco, con sus punteos infernales sobre  fogonazos martilleantes de doble bombo torció las pocas resistencias que quedaban. Un auténtico rompecuellos. En su puntual retrospectiva inversa a lo largo del tramo medio de su discografía, la veloz y a la vez melódica entrada de "Ob(Servant)", que da nombre a su cuarto disco, se convirtió en uno de los puntos culminantes de su show.

El definitivo guiño a su legado más antiguo, "The Colour of Sleep", de su segundo ‘The Scepter of the Ancients’, culminó el retrospectivo trayecto hacia las propia visceralidad más ancestral. A los que vivimos la eclosión de la banda y recordamos, todavía, la genuina aportación de corte principalmente gutural de su primer vocalista, Matthew Chalk, no deja de sorprender la textura abiertamente más deathcoriana que ofrece la voz de Lochlan Watt, el sustituto del titular Jason Peppiatt en esta gira. Muy semejantes estos dos últimos, tanto en lo referente a tono como estilo, su huella y encaje en el sonido global de la banda suscita diversidad de opiniones. Pero es en la interpretación de los temas más antiguos cuando este factor adquiere un peso más transcendente. Pese a que no puede considerarse una grave disfunción, sí constituye, por otra parte, un indicador que da pistas más que evidentes sobre la evolución posterior que ha seguido el sonido de la banda, cada vez menos reminiscente de su desatada y fresca brutalidad primigenia. Watt, por lo demás, es un frontman que cumple sobradamente con su papel, con voluntad y soltura. Con todo el pescado vendido, "The World Discarded" y "Cold", dos cortes de matriz mucho más pulida pertenecientes a su último trabajo, sellaron la actuación y dejaban el camino expedito a la descarga de los auténticos depredadores de Baltimore.

 

DYING FETUS

Raramente, la comparecencia de una banda idolatrada casi exclusivamente dentro de los círculos underground de la movida Death Metal había suscitado antes una expectación tan palpable. Reconocimiento, muy probablemente, al trabajo constante y a la honestidad pertinaz de una trayectoria que arrancaba hace ya más de 25 años y coronada hace tan solo unos meses por un disco inmenso, sensacional, prácticamente a la par de sus obras maestras de finales de los 90 –léase ‘Killing on Adrenaline’ y ‘Destroy the Opposition’. ‘Wrong One to Fuck With’, de facto, supone una inyección vigorizante no sólo para la banda de la costa Este y sus bases, es también un manual de referencia sobre el alcance de los retos que deberá afrontar, tarde o temprano, este género, tan dinámicamente recluido en sí mismo.

Una hilarante introducción, casi llegada a través del túnel del tiempo directamente desde las pistas de baile norteamericanas de los años 80, dio paso el riff pesadísimo de "From Womb to Waste", que atronó des de los altavoces de PA. Aunque, nuevamente, como ocurriera con PSYCROPTIC, tuvieron que pasar algunos minutos antes de disponer de un sonido a la altura de lo que demandaba la ocasión, el derroche en la ejecución suplió en buena medida cualquier posible carencia en este sentido. Reconvertidos en trío desde hace casi una década, DYING FETUS, sigue azotando despiadadamente a sus incondicionales desde los escenarios con la misma, o incluso mayor, energía de la que desprendían cuando incorporaban también un segundo guitarrista. Da igual: más allá de su adusta apariencia, Gallagher, el cerebro rasurado de la bestia, sigue descargando con meridiana precisión riff tras riff, dejándose el cuello en los ‘breakdowns’ y gorrineando a placer.

"Fixated on Devastation", primer tema de su excelente nuevo álbum, subió el tono con  su inicial fuego cruzado de caja y platos, preludio de una línea de guitarras pesadísimas. Adquirida la velocidad de crucero, llegó la especialmente celebrada "Grotesque Imaplement" con su grandilocuente y memorable riff principal. Sean Beasley, el hombre que, además de las cuatro cuerdas terminó asumiendo la papeleta vocal anteriormente ejercida por monstruos como Jason Netherton, elemento esencial de la bicefalia que disparó la banda hacia su auge de creatividad y popularidad, cumple a la perfección su cometido. Presencia, fiabilidad y el contraste del ataque vocal dual marca de la casa. Tras "Induce Terror", el remarcable bonus track de su último cd, el medio tiempo de "One Shot, One Kill" desató la furia en el pit.

La inmensa calidad del repertorio de los Fetus no les exige echar mano de forma recurrente a los himnos del fondo de su catálogo, como así ocurre con incontables bandas. Temas de su penúltimo ‘Reign Supreme’, como "Subjected to a Beating", fueron alternándose con los más recientes, caso de "Seething with Disdain" y, de nuevo, vuelta al anterior con "In the Trenches". Con su batería encajada entre dos grandes carteles con el título de su nuevo disco, Trey Williams demostró que su precisión, pegada y velocidad desbordantes le sitúan como una pieza fundamental en la fórmula secreta de la casi eterna juventud que vive la banda. El repaso a ‘Wrong One to Fuck With’ se cerró con el tema del mismo título. Llegaba el momento, ahora sí, de los grandes himnos, de los bombazos que asaltan automáticamente la mente de todos nada más mencionar el nombre del trío norteamericano. "Praise the Lord (Opium the Masses)" convirtió el jolgorio en agitación casi extática. El nivel de excitación general se desbordó ya con la breve, intensa y a la vez cómica "Kill your Mother, Rape your Dog".

Un final tremendo, exorbitante, irrefrenable e incontenible para a una actuación nuevamente memorable que colmó todas las expectativas y, a la vez, arrojó sudorosos cuerpos exhaustos hacia una realidad todavía más anodina. Soberbios en el estudio y prácticamente infalibles sobre el escenario, DYING FETUS han logrado elevar nuevamente el listón muy por encima de la media. El tiempo confirmará si su esencial contribución resultará, efectivamente, un acicate decisivo para la próxima evolución de los sonidos más brutales del metal extremo. Todo un mundo de expresión creativa que, por otra parte, y ahora sí, vive un momento glorioso de reconocimiento y emancipación estilística.

Texto: Jordi Marsal

Fotos: Carlos Oliver (www.facebook.com/Carlos.Oliver.Music.Photography)

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