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Crónica y fotos de THUNDER en Mandela Hall. Belfast

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THUNDER

Viernes 31 de Marzo de 2017 – Mandela Hall – Belfast

En el actual panorama musical son muchos los comebacks de bandas, disueltas antes de manera más o menos oficial, que estamos viviendo. La mayoría, por no decir casi todas, buscando un rédito comercial que sacar a sus composiciones más conocidas ahora que el classic rock vuelve a llevar a gente a las salas, y que aparentemente existe un renacido interés en ver a grupos que durante sus últimos años de existencia llevaban a las audiencias a sus conciertos a veces con dificultad.

Sin duda este no es el caso de THUNDER. Tras desaparecer de la circulación en 2008 después de editar Bang (los problemas de salud de Ben Matthews obligaron a ello) nos han sorprendido a todos publicando el que probablemente sea uno de los mejores discos de sus 27 años  de carrera, Wonder Days, y su actual secuela, RIp  it up, que aunque no alcance la espontaneidad y frescura de su  predecesor posee un toque blues y de classic rock que le hacen ganar enteros en cada escucha.

Afortunadamente  estarán en la programación de festivales veraniegos de nuestro país, pero la gira por salas que han desarrollado por las islas, encadenando sold outs, les llevaba como última cita al Mandela Hall de la capital de Irlanda del Norte, de nuevo con todo el papel vendido desde hacía más de un mes, para un show que como su cantante Danny Bowes me confesaba después del concierto, era especial al ser en una sala de un tamaño algo inferior, 1000 entregados fieles, y que ponía el punto y final a la primera parte del tour.

El Mandela Hall, en el distrito universitario de Belfast, es una sala de conciertos. Es decir, ni una discoteca donde se hacen actuaciones, ni un recinto deportivo ni nada similar. Un lugar creado y concebido para el uso que se le da y por ello perfecto en los servicios que ofrece. Muy buena visibilidad desde todos los puntos, sonido claro y profesional, accesibilidad para gente con discapacidad, iluminación adecuada…e incluso un par de sala adyacentes donde disfrutar de un after show que, en esta ocasión, se compuso de una sesión de power ballads rockeras.

Puntualidad absoluta en los horarios. Apertura de puertas a las 9, momento en el que la ordenada cola daba la vuelta al recinto, y grupo invitado a las 9:15, al cual fue imposible ver más allá de un par de  temas por problemas en el acceso. Y a las 10 en punto aparecían en escena los protagonistas de la noche sin ningún tipo de alarde y con un escenario en el que solo figuraban unas pantallas con la imagen interior de la carpeta del Rip It Up tapando los amplificadores.

No se puede decir que el tiempo  no haya dejado su huella. Físicamente están delgados y su movilidad en el escenario es constante, mención aparte para Danny Bowes que no paró de saltar ni un momento en la hora cuarenta y cinco de show, pero sus rostros denotan el paso del tiempo y en su batería Harry James aún de manera más notoria con muchos problemas de visión, pero en eso su audiencia, con la cuarentena sobrepasada casi en su totalidad les daban la réplica (¿Dónde está el relevo generacional del público?).

Decía antes que THUNDER no han regresado para vivir solo de las rentas en giras que repasen su cancionero más antiguo y el set list de la noche, similar al del resto de esta parte del tour, es un ejemplo claro.  Cinco canciones de su último disco y otras cuatro del anterior, es decir, nueve de las 16 canciones de la noche forman parte de esta nueva etapa, y lo que es mejor el concierto no se resintió por ello y además la gente cantó y bailó sin echar de menos otras más conocidas.

Arrancaron enlazando dos de las nuevas, No One Gets Out Alive y Enemy Inside. Rockeras y de corte clásico pero con ese tono de british rock blues que tan bien dominan. Danny toma el protagonismo desde el primer instante pero tanto Luke Morley, que estuvo soberbio en la guitarra toda la noche, como Ben Matthews, un músico de corte más académico y elegante, toman la primera fila de las tablas durante riffs y solos. Sus temas más clásicos serán pocos y se harán de rogar pero River Of Pain, que sonó en tercer lugar, puso a toda la sala a cantar y saltar. Fue un lujo observar como THUNDER no distinguen en cuanto a la entrega y entusiasmo entre las canciones que apenas llevan tocando unos meses con las que interpretan noche tras noche desde hace más de 20 años y ofrecen un espectáculo sin fisuras en el que su vocalista aprovecha cada tema para hacer cantar al público, pedirle que acompañe con las palmas o simplemente hacernos gritar más y más alto, un auténtico showman.

No hay pausas entre los temas, y Resurrection Day, del Wonder Days, suena a clásico de su discografía aunque lleve en los repertorios apenas un año, además lo alargan un poco en su parte final para jolgorio de los presentes y cuando Ben se sienta al piano para abordar Right From The Heart, el primer momento de la noche en que la velocidad baja unos pasos, sustituyen la energía por la intensidad, Luke Morley se despacha con uno de los mejores solos de la velada. Por poner un pero, algo enmascarado por el volumen del teclado, pero Luke, el único que aún luce melena, derrocha feeling y toque en un momento en que otros habrían tirado más de virguerías y técnica.

A la banda se la ve contenta y disfrutando, sus sonrisas en el escenario lo delatan, y más cuando nos ofrecen dos de sus gemas más conocidas. Backstreet Symphony, que sigue sonando igual de fresca que en 1990 cuando fue publicada mientras Luke, que alternó toda la noche varias Strato vintage y alguna que otra Les Paul, saca brillo a su Flying V en el riff. Llega el momento de Higher Ground, otra de las que no puede faltar y mi tema favorito de su discografía, y la gente acompaña con palmas mientras Luke y Ben intercambian punteos al borde del escenario “I don´t wanna  spend my whole life in this town” gritamos al unísono la letra de rebeldía y disconformidad con lo establecido y los ánimos se disparan. El momento más especial del show para el que escribe.

THUNDER manejan los tiempos del show con maestría y, de nuevo sin pausas entre canciones, bajan las revoluciones con In Another Life, otra de las nuevas con sabor a clásico, la audiencia cantando todo el tema lo demostró así, y en ese medio tiempo en el que los británicos se encuentran tan a gusto acentúan nuevamente su tono blusero con Ben tomando protagonismo al piano. 

De aquí al final alternarían temas más rockeros con tiempos más relajados y tras la rockera The Thing I Want, de nuevo con Danny pidiendo apoyo en las palmas del público, llega Don´t Wait For Me, otra de las clásicas y probablemente la más entonada por un público que, sobre todo en las primeras filas, era mayoritariamente femenino  y terriblemente respetuoso (una maravilla poder salir un instante a por más cervezas y ocupar de nuevo tu lugar sin problemas). En la parte final de esta canción de nuevo alargue para el lucimiento de Luke en un largo solo mientras Danny fuerza el tono para demostrar que vocalmente se encuentra en un estado de forma estratosférico, con una voz clara que ayuda a que todo suene aún mejor y eso que viene  de enlazar varios show.

Encaran la recta final del show con Rip It Up, que deja al público algo frío, no llega a enganchar como las precedentes, pero cuando uno de los roadies coloca en el escenario un atril con la acústica de Morley ya todos sabemos que es el turno de Love Walked In y todo vuelve a su lugar con Danny, bailarín incansable, bromeando con sus compañeros durante los solos correspondientes. Todo el mundo da palmas y saltos en una muestra de entrega y la puntilla final llega al toque de cencerro de Ben antes de que Morley ataque con el inconfundible riff de I Love You More Than R&R, toda una declaración de amor que pone el punto y final a hora y cuarto de show adrenalítico y de calidad.

No hay que esperar demasiado para que vuelvan a aparecer en escena. Han estado haciendo el mismo repertorio durante todo el tour pero lo varían en los bises dependiendo de la ciudad, así que hay expectación por ver que nos “tocará”. La primera en sonar es Wonder Days y de nuevo la acogida tiene sabor a clásico, seguida de otra de las canciones del mismo disco, la vacilona Serpentine, que curiosamente es la que más canta la audiencia de entre las nuevas y que es alargada tanto al comienzo como al final por Danny que se empeña en que cantemos más fuerte, saltemos más y comprobar que parte de la sala es capaz de gritar más alto. El tema se alarga y se enlaza con la intro de Dirty Love, la canción con la que terminan sus shows desde hace décadas y que cierran de nuevo con largos solos de guitarras ante el éxtasis de los presentes. 25 minutos de propina para un concierto en el que es cierto que abundaron en las canciones tras su comeback y se dejaron algunos clásicos en el tintero (Laughing On Judgement Day, She´s So Fine, la cover de Gimme Some Lovin´o Low Life In High Places), pero que corroboró el fantástico estado de forma en el que se encuentran y lo contentos que están de volver a la carretera. Mereció la pena, y mucho, el viaje a Belfast para verles y apuntadas las fechas para las citas españolas (Azkena, Garage Sound y Rock Fest), será en escenario grande y con el tiempo algo más limitado pero nadie saldrá decepcionado de sus shows. Palabra, los Wonder Days para THUNDER son justo ahora.

  • No One Gets Out Alive     
  • The Enemy Inside                                          
  • River Of Pain                    
  • Resurrection Day                           
  • Right From The Heart   
  • Backstreet Symphony
  • Higher Ground
  • In Another Life                
  • The Thing I Want                            
  • Don´T Wait For Me
  • Rip  It U                                                             
  • Love Walked In
  • I Love You More Than Rock And Roll
  • Wonder Days                   
  • Serpentine                       
  • Dirty Love

Texto y fotos: Fran Cea

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