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VIRGIN STEELE – Visions of Eden

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¿Por qué a veces un disco resulta tan prometedor en su inicio y acaba dejándote frío? ¿Por qué tras una larga espera para poder pinchar un CD, cuando atisbas algo de su grandiosidad, de pronto se te escapa entre los dedos? ¿Por qué da la sensación de que al disco de VIRGIN STEELE le falta algo, un ingrediente que hace que un conjunto de temas enormes acaben quedando como algo soso e insustancial?

6 largos años han pasado ya desde el último trabajo de los americanos y finalmente se edita este “Visions of Eden” (The Lilith Project – A barbaric-Romantic movie of the mind), larguísimo título para una composición conceptual que cuenta la historia de Lilith, uno de los viejos mitos Sumerios, plagado de reminiscencias bíblicas, míticas, pero también tratando de acercar el mito de la diosa femenina a una realidad de sufrimiento, pasiones y tensiones legendarias.

Un apasionante argumento para una obra conceptual que encaja perfectamente en el espíritu de VIRGIN STEELE, pero al llevar adelante la escucha del disco, tratando de dejar en un segundo plano las historias que cada canción cuenta, y centrándote en la música, es imposible no dejar de sentirse un poco decepcionado.

“Visions of Eden” es épico, sin duda. Y gustará a los amantes de las composiciones más gloriosas, especialmente en algunos de los muchos momentos en los que David DeFeis hace uso de sus tesituras más potentes. No cabe duda de que su voz cubre cualquier tipo de registro, desde los más suaves, en los que se desliza melódica, hasta los más violentos, en los que toda la épica del Metal parece deslizarse por su garganta. Y en este disco su lucimiento es grande. Y su protagonismo también, puesto que hay que tener muy presente que toda la obra ha salido de su cabeza y de hecho, él es el responsable de la producción. Otra cuestión son las guitarras de Edward Pursino, que por desgracia se encuentran en casi todo momento tan abajo, tan tapadas y ocultas bajo el poder de sintetizadores y otros arreglos, que pueden ser las culpables de la pérdida de la fiereza que el disco podría tener.

Así pues deberíamos hablar tal vez de una producción “poco al uso” más que de un disco poco afortunado. Es posible, pero en cualquier caso resulta una lástima que un trabajo con tanta complejidad suene de esa manera tan extraña.

Capítulo aparte merece la base rítmica: Frank Gilchriest como batería, que parece ser suplantado en multitud de momentos por una máquina programada para sonar alejada al verdadero sentimiento de cualquier baterista, y Josh Block, cuyo trabajo en el bajo tampoco brilla en exceso, enfrentándose al mismo problema que Pursino. No así los teclados y las partes más orquestadas, a cargo de DeFeis que, aun faltando algo de posible brillo, sí se mantienen al menos predominantes durante todo el álbum.

Los 80 minutos de duración del disco se dividen en 11 temas largos, algunos muy largos, en los que DeFeis va desgranando la historia de Lilith, la mujer-diosa creada por Dios y su emparejamiento con Adán, su caída en desgracia a los ojos de un dios justiciero y machista y su lucha por la libertad hasta convertirse en un ser repudiado, en un ser que pasa de bello a ser horrendo. Un ser que finalmente es vencido, arrastrando a su caída a todo el género femenino en un conflicto que a día de hoy no ha sido solucionado.

“Inmortal I stand (the birth of Adam)” comienza musicalmente de forma muy parecida al final de “The House of Atreus, part II”, con fuerza y poder descontrolado en las voces. La batería tiene ese toque de “programada” que va a salpicar todo el disco, pero aun así el conjunto global es excelente, con una guitarra que si bien pudiera haber sonado un poco más potente, ofrece un buen contrapunto a la parte orquestal.

El nacimiento de la heroína a la que está dedicado el disco se pasa revista en “Adorned with the rising cobra”, un larguísimo tema de casi 10 minutos de duración con un riff insistente e hipnótico que por desgracia va quedando sobrepasado por la orquestación y acabando en un segundo nivel. Toques progresivos y continuos cambios de ritmo que desembocan en “The ineffable name”, rápido tema en el que se averiguan los VIRGIN STEELE más queridos, esos que tocando veloces hicieron del Power épico una categoría por derecho propio. Aun así, lo extraño de la producción hace que se sienta un vacío, como si faltara algo. De nuevo, impera la orquestación sintetizada y el teclado frente a la cuerda.

“Black Light on Black” también tiene ese toque de reminiscencias a los clásicos VIRGIN STEELE. Igualmente es una canción poderosa y con momentos de rapidez que empujan a hacer headbanging. Especialmente gloriosas las guitarras en segundo nivel de Pursino, logrando alguno de los mejores momentos del disco. Y una voz que aquí y en “Bonedust” brilla con luz propia. DeFeis canta la violación de Lilith por los ángeles negros con fiereza y potencia que es digna de ser disfrutada.

Con “Angel of Death” nos adentramos ya en un universo de carácter mucho más onírico y delicado. La voz se suaviza y la orquestación lo cubre todo. Poco a poco el tema va creciendo en intensidad y la fuerza con la que se canta el final al que están abocadas las mujeres, el demonio heredado de Lilith llega a poner los pelos de punta.

Lilith pide a Dios que la aparte de su destino y para ello en “God above God” la voz se desliza sinuosamente en las armonías teclísticas, en una canción épica pese a su menor intensidad rítmica. Tensión que se recupera algo en “The hidden God”, dedicada al ángel Samael, y de los temas más complejos y difíciles de todo el disco, aunque es seguro que agradará a los más amantes del Metal Progresivo.

“Childslayer” es de nuevo un tema que es lastrado salvajemente por la producción, que hace que la batería parezca una broma y las guitarras casi un ruido por debajo de las líneas vocales. Tema rápido y glorioso pero que pierde fuerza debido a un nefasto sonido que parece sólo arreglarse, en parte, en las partes orquestadas.

El lamento final de las mujeres ante su destino es contado en “When disk fell”, nuevamente un medio tiempo que comienza de forma suave y que aumenta su ritmo según avanza hasta mostrarnos la voz pletórica en ese lamento gritado y sentido. Como sentida es la “Visions of Eden” que cierra el disco, basada en el eterno conflicto entre hombres y mujeres y entre dioses y humanos.

11 canciones que merecerían haber sido grabadas de otra forma. Y es que la sensación de estar frente a un disco que podía haber sido grandioso y que pasará sin pena ni gloria es enorme. Tal vez David DeFeis ha planteado “Visions of Eden” como un disco en solitario más que como una obra de grupo. Ello incluso puede sospecharse al observar la portada, en la que comparte protagonismo con un inmenso caballo negro y una enorme espada.

La realidad es que en los arreglos finales, el sonido deja condenada a las guitarras a prácticamente no sonar o hacerlo tristemente en muchas partes de las canciones. El bajo queda convertido en mera comparsa durante muchísimos de los minutos de la larga composición. La batería resulta poco creíble. Demasiados aspectos negativos para una banda con 25 años a sus espaldas.

Un gran disco no debe contener sólo buenas canciones. “Visions of Eden” las tiene. Ni una historia que enganche. Que en este caso también lo hará con muchos fans. Un buen disco debe hacernos sentir que la música suena perfecta y fastuosa en todos sus aspectos, y por desgracia, en esta ocasión, ese aspecto ha fallado.

Fernando Checa

Track List:

  1. Inmortal I stand (The birth of Adam)
  2. Adorned with the rising cobra
  3. The ineffable name
  4. Black light on black
  5. Bonedust
  6. Angel of death
  7. God above God
  8. The hidden God
  9. Childslayer
  10. When dusk fell
  11. Visions of Eden