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EPICA – Consign to Oblivion

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El esperado segundo álbum de EPICA ya está en las tiendas. En él, la banda holandesa nos ofrece una continuación de lo que mostraron en su excelente debut “The Phantom Agony”, con cierta evolución en su sonido. No obstante, los típicos elementos de su música siguen ahí: coros, orquestaciones, atmósferas muy propias de banda sonora y el contraste entre voz femenina y gutural masculina.

Una de las primeras cosas que llama la atención tras escuchar este disco es el aspecto compositivo, las canciones. Si exceptuamos el monumental tema que da título al álbum, encontramos en general temas más sencillos en sus estructuras, más cortos, directos y con menos cambios de ritmo. Personalmente es algo que me desencantó en un principio, pero con las sucesivas escuchas es un álbum que te va atrapando y cautivando cada vez más. Esta menor complejidad compositiva se ve compensada por los exquisitos arreglos, corales y orquestales, que enriquecen todos los temas de forma preciosista. Además, cada uno de ellos es diferente de los demás y tiene su propio carácter, sin desentonar con el resto. Las orquestaciones son majestuosas, más completas que en el anterior álbum, y lo mismo puede aplicarse a los operísticos coros, realmente grandilocuentes y a la vez emotivos y llenos de matices. Perfectamente equiparables a los mejores Therion en este aspecto. Gran trabajo sin duda el del teclista Coen Janssen, encargado de todos los arreglos corales.

Mención aparte merece la voz de Simone Simons. Su enorme progreso es patente y ahora sabe utilizar su voz de formas muy diferentes, desde registros operísticos a otros más rockeros y directos, recordando incluso a Floor Jansen en ocasiones. Su voz se encuentra en ocasiones con el agresivo contraste de Mark Jansen, quien varía magistralmente sus registros entre el black y el death metal aportando un contrapunto espectacular al lirismo de su música. Hay que decir que en esta ocasión las voces guturales solo aparecen en tres temas, supongo que al ser muchos de ellos más cortos y sencillos no había espacio para introducir más. En todo caso, cuando aparecen lo hacen con gran agresividad y efectividad.

La producción de Sascha Paeth vuelve a ser brillante y da el toque de lujo a unas composiciones basadas en la abundante instrumentación. Los coros y orquestaciones se llevan el protagonismo, pero también hay espacio para las guitarras y base rítmica que aportan la potencia necesaria en los momentos requeridos.

El álbum comienza con una intro muy al estilo de bandas sonoras épicas llamada “Hunab K’u”, compuesta por el bajista Yves Huts, quien ha tenido un importante protagonismo en la creación del disco. Le sigue inmediatamente “Dance of Fate”, tema rápido, con cierto toque power y el que se puede apreciar desde el primer instante la notable mejoría en la voz de Simone, no sólo en potencia y versatilidad sino también en pronunciación y articulación de los sonidos.

“The Last Crusade” tiene grandes coros y abundantes orquestaciones sobre una sólida base de guitarras. El puente instrumental presenta cierta influencia de la música barroca. Uno de los cortes más directos y efectivos. “Solitary Ground” es una de las joyas del álbum, una balada preciosa, con una instrumentación sublime y una Simone inconmensurable. “Blank Infinity”, tras un inicio con piano, sorprende por los rockeros riffs en las estrofas y unas líneas vocales de lujo.

Las voces guturales de Mark hacen acto de presencia por primera vez en “Force of the Shore”, una composición más dinámica, cambiante y con un toque oriental en las melodías. La parte intermedia es muy agresiva, con influencias del black metal. “Quietus”, canción que ya han tocado muchas veces en directo antes de publicar este álbum, es atípica para lo que EPICA nos tienen acostumbrados. Tiene un aire folk / medieval dado por los violines y, a diferencia de la versión en directo, está completamente cantada por Simone, sin voces guturales. Es bastante sencilla pero la fuerza y calidad de las melodías vocales la hace altamente atractiva.

Uno de los momentos cumbres del disco llega con “Mother of Light”, tema al más puro estilo del “Decipher” de After Forever (Mark ya la había compuesto inicialmente para ese álbum), con un potente riff inicial, apoyado por los arreglos de cuerda, un vertiginoso estribillo con las voces dobladas de Mark y Simone y un puente verdaderamente precioso. Los coros en esta canción también son de sobresaliente.

“Trois Vierges” es una balada muy suave, casi al estilo de un musical, en la que un clavicordio y la sección de cuerda acompañan al dueto entre Simone y el invitado especial, el gran Roy Khan de Kamelot. Como ya hemos podido escuchar en el último disco de ésta banda, sus voces se complementan a la prefección y “Trois Vierges” no es sino una prueba más de ello. Deliciosa. “Another Me” da mucho protagonismo a los coros. Las melodías de esta canción son muy buenas, pero tal vez las diferentes partes de la misma se repiten demasiadas veces,

Y lo mejor llega al final. En efecto, “Consign to Oblivion” es la composición más espectacular de EPICA hasta la fecha. Es un tema largo, de casi 10 minutos de duración, que muestra absolutamente todas las caras de la música del grupo. La combinación entre la voz de Simone, los sublimes coros y las impías vocalizaciones de Mark (auténticas protagonistas de la canción), es insuperable, las melodías son soberbias y la complejidad y variedad musical dota a este tema de un aire majestuoso. Desde cinematográficas orquestaciones hasta black metal se dan la mano en él. Un cierre inmejorable para el disco.

“Consign to Oblivion”, aunque en su conjunto no me parece compositivamente superior a su predecesor “The Phantom Agony”, muestra la madurez alcanzada por unos EPICA que han trabajado más como banda en éste álbum, y les reafirma como una de las opciones más interesantes en su género.

Saúl Miguel Garrido