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TIAMAT – Prey

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TIAMAT, el grupo del genuino Johan Edlund,
vuelve a la carga con su disco “Prey”, una sobredosis de sensualidad,
buen gusto y muy buen hacer. TIAMAT, en este álbum,
se aleja cada vez más de ese doom/ death que nos ofrecían al principio
de su carrera, para centrarse en un autentico disco de rock gótico, que
no metal gótico. A pesar de distanciarse de los convencionalismos de
la escena gótica-oscura actual, “Prey” aún conserva
muchísimos elementos de la misma, que se pueden apreciar sumergidos entre
los mil detalles sonoros que suman los trece cortes que configuran el disco.
Espesos riff propios del doom metal más puritano, voces melancólicas
tanto masculinas como femeninas, guitarras acústicas, imperceptibles
arreglos de teclado, muy en la sombra, casi sin protagonismo, e incluso coqueteos
con ritmos electrónicos son los elementos más significativos y,
que sumados todos ellos a la brillante labor compositiva de Johan Edlund, otorgan
a este disco un merecido puesto a uno de los mejores discos del género
de todo el año.

Trece cortes, TIAMAT no son nada supersticiosos,
que destacan por su variedad y, en general, por su similitud con el proyecto
que, bajo el nombre de Lucy Fire, presentó hace unos años el propio
Edlund y que dejó con la boca abierta a media Europa oscura debido a
su calidad y la frescura de su música. Sabed que es cosa nada fácil
el agradar a un público tan elitista como es el gótico.

“Prey” comienza con “Caín”…
Pajaritos, acordes y ese riff tan característico de los álbumes
de índole siniestra en su vertiente más moderna (a media potencia),
campanas y un registro vocal totalmente similar a Lucy Fire. Una canción
con mucho sentimiento y unos arreglos muy muy discretos pero de sobra acertados
además de un estribillo totalmete pegadizo. Enlazada con el primer corte
y elemento de transición hacia el segundo aparece “Ten thousand
Tentacles” una auténtica paranoia sonora. “Wings of heaven”
empieza en plan acústico a modo balada para desgarrarnos las entrañas
con un agónico estribillo que viene acompañado de una furiosa
entrada eléctrica a través de la guitarra y una voz un poquito,
solo un poquito, más agresiva.. “Love in Chains” nos lleva
de vuelta al sonido base característico de TIAMAT que
todos conocemos, Edlund medio hablando medio cantando, riff repetitivo y soniditos
que coquetean con la electrónica. Simple pero efectivo. “Divided”
es otro temita lento, a ritmo de piano y con voces femeninas acompañando
a Johan Edlund, un tema bastante simple en la onda de lo que se lleva ahora
allá por la península escandinava. Un corte de trece en este rollo
no molesta en absoluto, incluso se agradece. “Carry your cross and I will
carry mine” es otro tema cantado con voces femeninas y coreado por el
vocalista, es decir, el proceso inverso a la anterior canción, pero de
una naturaleza mucho más distinta. La chica despide una dulzura antinatural,
y la sensación que te produce cuando entra la voz masculina te pone los
pelos de punta, como un cristal de bohemia cayéndose y estallando en
mil pedazos. Otro interludio instrumental bajo el nombre de “Triple cross”
basado en los teclados y en ritmillos que salen de nuestro altavoz como pequeños
culebrillas enlaza con la rockera “Light in extension”. Este tema
retoma, como aprecié antes, el estilo más rockero,o hard rockero
me atrevería a decir, siempre teñido de negro por supuesto. Atención
a los solos de guitarra.

“Prey”, canción que da título al
disco, comienza con un reloj dando las horas y un J. Edlund susurrando sensualmente…
esperas el cambio de ritmo impacientemente, pero este parece que no llega y…
no, se queda en una mera declaración de intenciones. “The garden
of Heathen” presenta más soniditos astroespaciales que llevan mi
mente junto a los aliens de Encuentros en la Tercera Fase, una guitarrita me
saca de mi ensoñación, voces etéreas suenan a lo lejos,
la experiencia promete y mi hambre de ritmo se ve satisfecha, quizás
un poco tarde, cuando este tema acaba y enlaza con una genial “Clovenhoof”
no ha modo habitual, entrada brusca de la guitarra eléctrica, si no con
un sonido más experimental y un Edmund 100% Lucy fire, con voces femeninas
incluidas.

Dos temas restan para acabar el álbum y sus nombres
son “Nihil” y “The Pentagram”. “Nihil” es
una canción que se asoma por los caminos del Doom debido a su casi ausencia
de ritmo y su obsesiva repetición de estructuras así como ciertos
adornos de teclado en plan piano que le otorgan una sensación atmosférica
digna de mencionar. “The pentagram” sorprende con un órgano
y una guitarra que realmente me recuerda a esas baladas de los ochenta, en plan
Whitesnake y eso (herejia, lo se). Recitando un poema de Alister Crtowley ,
mesías del satanismo, con coros eclesiásticos y el órgano
de fondo, TIAMAT se despide con una canción muy sensual,
que te seduce tiernamente susurrándote las proezas del Angel Caído
y adornada con un ritmo muy muy coqueto.

Un discazo de rock gótico en toda regla que sorprenderá
a muchos aficionados al mundillo, a raíz de su recién hermanamiento
con el mundo del Heavy Metal, que deja muy claro quienes son los reyes y como
se deben hacer las cosas sin caer en los vulgares tópicos que explotan
esta bonita escena hoy en día.

Daniel Pastor
daniel_pastor@rafabasa.com

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