L.A GUNS |
Jueves 11de Enero de 2007 – Sala Heineken – Madrid
Una propuesta rockera clásica siempre es interesante. Si es en directo y promete destilar energía, es aun mejor, y si encima se acompaña por un nombre mítico, el conjunto no puede ser más apetecible. L.A.GUNS, uno de los grupos más castigados por la leyenda de los míticos Guns ´n´ Roses, se presentaban en Madrid con una pseudoformación original que abría dudas incluso antes de que comenzara el concierto. Por lo pronto el mítico Tracii Guns encabezaba el grupo, acompañado al bajo por su hijo, y con el apoyo del primer vocalista de la banda, Paul Black. Curioso grupo que nada tiene que ver con otra formación al frente de la cual se sitúa Steve Riley, Stacy Blades y Phil Lewis y que también mantienen el mismo pistolero nombre.
Un galimatías que en definitiva hizo poco por animar al público a acercarse a la Sala Heineken. Pero en todo caso la presencia de Tracii fue lo suficientemente atractiva como para actuar como catalizador de un grupo muy activo de fans del Rock & Roll angelino en su versión más “Sleazy”, ese hijo putativo del Glam Rock que mezcla una altísima energía en sus sonidos con una estética divertida a la vez que provocadora e incluso andrógina.
Poca gente, pero con muchas ganas de bailar y pasarlo bien, que iban a ser recompensados. Un poco más tarde de la hora de comienzo establecida, aparecía sobre el escenario una versión atípica de los L.A. GUNS. Daba igual. Todas las miradas iban hacia el líder indiscutible, Mr. Tracii, enorme guitarrista cosido a tatuajes, que iba a dedicar al público madrileño una actuación memorable.
Paul Black, recuperado nuevamente para la acción, sorprendía con sus ganas y su actitud ya desde el primer momento. Feeling y emoción a raudales que ayudaban a cubrir una voz algo limitada, permitieron que el público se enganchara desde el primer momento. “Weels of Fire”, “Show no mercy” y “One more reason” suponían un auténtico mazazo de buen rollo y de rock & roll, sencillo, sí, pero tan bien ejecutado, que era difícil no sentirse en un club californiano ante algunos de los padres del invento.
Ritmos de blues tamizados hasta sus aspectos más salvajes. Un repertorio centrado especialmente en sus dos primeros discos, en los que dieron cancha a temas como “The ballad of Jane”, “Never Enough” o “Nothing to lose” y en el que la figura de grupos míticos como Aerosmith, de cuyo frontman Paul Black es un gran deudor, Black Crows o incluso los Stones, con un guiño a “Paint in black” se deslizó por los asistentes sin cesar.
En cualquier caso, y al margen de influencias reconocidas y reconocibles, cada vez que la guitarra de Tracii se lanzaba en un solo, la atmósfera del concierto se hacía más y más especial. Es cierto que algunos hubiéramos preferido ver una formación algo diferente. E incluso que Paul Black no acababa de llegar a tonos asumibles por cualquier cantante de nivel. Era lo de menos “Bitch is back” o “Electric Gipsy” tienen entidad suficiente como para emocionar a cualquiera y sentirse que asiste a una actuación que tal vez sea irrepetible.
Una duda, felizmente resuelta, era la capacidad de Jaime Gun al frente del bajo. Joven, pero perfecto discípulo de su padre, con momentos en los que el recuerdo a la eterna postura de Duff McKagan, atacando las cuatro cuerdas casi a la altura de las rodillas, no desmerecían en un cuarteto potente, directo y sin florituras. Incluso se atrevió a cantar salvajemente “Shick of You”, haciéndolo realmente bien e imprimiendo al momento un toque salvaje imprescindible.
“Bitch is black” o “Sex action” siguieron manteniendo la fiesta en niveles más que aceptables, e incluso una correcta versión del “Knocking at heavens door”, cantado por el batería Nickey Alexander, nos situaban en un momento que ya parece patrimonio de los más nostálgicos. Y es que mucho de nostalgia tuvo el concierto, perfecto en su planteamiento fiestero, pero en el que la memoria bailaba de un grande a otro. Muchos recuerdos, de esos que acaban siendo difuminados por la magia del Rock & Roll bien tocado, pero que aun así, permanecen.
Hubo solo de batería, hubo solo de guitarra, e incluso hubo solo de cantante, más bien saltos de cantante, hacia el público, una y otra vez, que le recibía con los brazos abiertos. Hubo sentimiento y feeling en el escenario y fuera de él, medios tiempos como “Over the edge” o incluso homenajes breves a AC-DC con el inconfundible riff de “Hells Bells”, aunque no cabe duda de que al final de “Rip and Tear”, la duda ante el futuro de un grupo que más parece un elemento de divertimento temporal para su líder que un proyecto serio, flotaba en el ambiente. En cualquier caso, momentos divertidos e intensos como este siempre se agradecen. Que se repitan y muchas veces.
Texto: Fernado Checa
Fotos: David Esquitino
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